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15 ago. 2016

CUENTO :EL HILO PRIMORDIAL (ADAPTACIÓN GAUCHA )

El hilo primordial
por Mamerto Menapace, publicado en Madera Verde, Editorial Patria Grande.

Agosto había terminado tibio. Había llovido en la última semana y, con el llanto de las nubes, el cielo se había despejado. Cuando se acerca setiembre, suele suceder que el viento de tierra adentro sopla suavemente y a la vez que va entibiando su aliento, logra devolver al cielo todo su azul y su luminosidad.
Y aquella tarde, pasaje entre agosto y setiembre, el cielo azul se vio poblado por las finas telitas voladores que los niños llaman Babas del Diablo. ¿De dónde venían? ¿Para dónde iban? Pienso que venían del territorio de los cuentos y avanzaban hacia la tierra de los hombres.
En una de esas telitas, finas y misteriosas como todo nacimiento, venía navegando una arañita. Pequeña: puro futuro e instinto.
Volando tan alto, la arañita veía allá muy abajo los campos verdes recién sembrados y dispuestos en praderas. Todo parecía casi ilusión o ensueño para imaginar. Nada era preciso. Todo permitía adivinar más que conocer.
Poco a poco la nave del animalito fue descendiendo hacia la tierra de los hombres. Se fueron haciendo más claras las cosas y más chico el horizonte. Las casas eran ya casi casa, y los árboles frutales podían distinguirse por los floridos, de los otros que eran frondosos.
Cuando la tela flotante llegó en su descenso a rozar la altura de los árboles grandes, nuestro animalito se sobresaltó. Porque la enorme mole de los eucaliptos comenzó a pesar misteriosa y amenazadoramente a su lado como grises témpanos de un mar desconocido.
Y de repente: ¡Tras!
Un sacudón conmovió el vuelo y lo detuvo. ¿Qué había pasado? Simplemente que la nave había encallado en la rama de un árbol y el oleaje del viento la hacía flamear fija en el mismo sitio.
Pasado el primer susto, la arañita, no sé si por instinto o por una orden misteriosa y ancestral, comenzó a correr por la tela hasta pararse finalmente en el tronco en el que había encallado su nave. Y desde allí se largó en vertical buscando la tierra. Su aterrizaje no fue una caída, sino un descenso. Porque un hilo fino, pero muy resistente, la acompañó en el trayecto y la mantuvo unida a su punto de partida. Y por ese hilo volvió luego a subir hasta su punto de desembarco.
Ya era de noche. Y como era pequeña y la tierra le daba miedo, se quedó a dormir en la altura. Recién por la mañana volvió a repetir su descenso, que esta ve fue para ponerse a construir una pequeña tela que le sirviera en su deseo de atrapar bichitos. Porque la arañita sintió hambre. Hambre y sed.
Su primera emoción fue grande al sentir que un insecto más pequeño que ella había quedado prendido en su tela-trampa. Lo envolvió y lo succionó. Luego, como ya era tarde, volvió a trepar por el hilito primordial, a fin de pasar la noche reencontrándose consigo misma allá en su punto de desembarco.
Y esto se repitió cada mañana y cada noche. Aunque cada día la tela era más grande, más sólida y más capaz de atrapar bichos mayores. Y siempre que añadía un nuevo círculo a su tela, se veía obligada a usar aquel fino hilo primordial a fin de mantenerla tensa, agarrando de él los hilos cuyas otras puntas eran fijados en ramas, troncos o yuyos que tironeaban para abajo. El hilo ese era el único que tironeaba para arriba. Y por ello lograba mantener tensa la estructura de la tela.
Por supuesto, la arañita no filosofaba demasiado sobre estructuras, tironeos o tensiones. Simplemente obraba con inteligencia y obedecía a la lógica de la vida de su estirpe tejedora. Y cada noche trepaba por el hilo inicial a fin de reecontrarse con su punto de partida.
Pero un día atrapó un bicho de marca mayor. Fue un banquetazo. Luego de succionarlo (que es algo así como: vaciar para apropiarse) se sintió contenta y agotada. Esa noche se dijo que no subiría por el hilo. O no se lo dijo. Simplemente no subió. Y a la mañana siguiente vio con sorpresa que por no haber subido, tampoco se veía obligada a descender. Y esto le hizo decidir no tomarse el trabajo del crepúsculo y del amanecer, a fin de dedicar sus fuerzas a la caza y succión de presas que cada día preveía mayores.
Y así, poco a poco fue olvidándose de su origen, y dejando de recorrer aquel hilito fino y primordial que la unía a su infancia viajera y soñadora. Sólo se preocupaba por los hilos útiles que había que reparar o tejer cada día debido a que la caza mayor tenía exigencias agotadoras.
Así amaneció el día fatal. Era una mañana de verano pleno. Se despertó con el sol naciente. La luz rasante trizaba las perlas del rocío cristalizado en gotas en su tela. Y en el centro de su tela radiante, la araña adulta se sintió el centro del mundo. Y comenzó a filosofar. Satisfecha de sí misma, quiso darse a sí misma la razón de todo lo que existía a su alrededor. Ella no sabía que de tanto mirar lo cercano, se había vuelto miope. De tanto preocuparse sólo por lo inmediato y urgente, terminó por olvidar que más allá de ella y del radio de su tela, aún quedaba mucho mundo con existencia y realidad. Podría al menos haberlo intuido del hecho de que todas sus presas venían del más allá. Pero también había perdido la capacidad de intuición. Diría que a ella no le interesaba el mundo del más allá; sólo le interesaba lo que del más allá llegaba hasta ella. En el fondo sólo se interesaba por ella y nada más, salvo quizá por su tela cazadora.
Y mirando su tela, comenzó a encontrarle la finalidad a cada hilo. Sabía de dónde partían y hacia dónde se dirigían. Dónde se enganchaban y para qué servían.
Hasta que se topó con ese bendito hilo primordial. Intrigada trató de recordar cuándo lo había tejido. Y ya no logró recordarlo. Porque a esa altura de la vida los recuerdos, para poder durarle, tenían que estar ligados a alguna presa conquistada. Su memoria era eminentemente utilitarista. Y ese hilo no había no había apresado nada en todos aquellos meses. Se preguntó entonces a dónde conduciría. Y tampoco logró darse una respuesta apropiada. Esto le dio rabia. ¡Caramba! Ella era una araña práctica, científica y técnica. Que no le vinieran ya con poemas infantiles de vuelos en atardeceres tibios de primavera. O ese hilo servía para algo, o había que eliminarlo. ¡Faltaba más, que hubiera que ocuparse de cosas inútiles a una altura de la vida en que eran tan exigentes las tareas de crecimiento y subsistencia!
Y le dio tanta rabia el no verle sentido al hilo primordial, que tomándolo entre las pinzas de sus mandíbulas, lo seccionó de un solo golpe.
¡Nunca lo hubiera hecho! Al perder su punto de tensión hacia arriba, la tela se cerró como una trampa fatal sobre la araña. Cada cosa recuperó su fuerza disgregadora, y el golpe que azotó a la araña contra el duro suelo, fue terrible. Tan tremendo que la pobre perdió el conocimiento y quedó desmayada sobre la tierra, que esta vez la recibió mortíferamente.
Cuando empezó a recuperar su conciencia, el sol ya se acercaba a su cenit. La tela pringosa, al resecarse sobre su cuerpo magullado, lo iba estrangulando sin compasión y las osamentas de sus presas le trituraban el pecho en un abrazo angustioso y asesino.
Pronto entró en las tinieblas, sin comprender siquiera que se había suicidado al cortar aquel hilo primordial por el que había tenido su primer contacto con la tierra madre, que ahora sería su tumba.
Esta parábola no es mía. La contaba un gran obispo húngaro, Mons. Tihamer Toth, que fue capellán en la Gran Guerra.

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa
Cuento El hilo primordial, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro Madera Verde, Editorial Patria Grande.

Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.
Rumiando el relato
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
  • ¿De qué nos habla el relato?
  • ¿Cuál es el personaje principal? ¿Qué rasgos o características presenta?
  • ¿Qué nos relata el cuento sobre la vida de la arañita? ¿Qué cambios va experimentando?
  • ¿Qué sucede al final del cuento? ¿Por qué era importante el hilo primordial?
Descubriendo el mensaje
El cuento nos ayuda a reflexionar sobre el sentido de la vida, la relación con Dios, las cosas que realmente son importantes.
¿Qué representaba el hilo primordial en la vida de la arañita?
¿Cómo fue cambiando sus hábitos y su vida? ¿Qué influyó en esos cambios?
¿Encuentras semejanzas con tu vida? ¿Cuáles?
¿Qué fue olvidando la arañita? Comparalo con tu vida, ¿qué cosas son las que no podemos olvidar ni dejar de lado? ¿Por qué?
¿Qué constituye el hilo primordial de tu vida? Compartelo con los demás.
¿Qué aprendemos para nuestra vida a partir del cuento?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.
Para terminar: la oración en común
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:
Señor, que nuestra vida esté unida siempre a Tí
Terminar leyendo la oración.


20 may. 2016

El cuento del laurel.

Cerca de un arroyo de agua fresca, había un pequeño bosque. Los árboles eran muy variados. Ellos invertían sus energías en ser más altos y grandes, con flores y perfumes, pero quedaban débiles y tenían poca fuerza para echar raíces.

El laurel dijo:
"Yo mejor, voy a invertir mi savia en tener buena raíz, así creceré y podré dar mis hojas a todos los que las necesiten".
Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos.¡En ningún lugar había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse los unos a los otros, riéndose de los demás.
El laurel sufría a cada instante esas burlas. Se reían de él, avasallándolo con sus flores y perfumes, agitando el frondoso follaje.
¡Laurel!...le decían- ¿para qué quieres tanta raíz? ¡Míranos! Todos nos alaban porque tenemos poca raíz y mucha belleza.¿Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de ti!
Pero el laurel estaba convencido de lo contrario, deseaba amar a los demás y por eso tenía ramas y raíces fuertes.
Un día, arreció una gran tormenta sobre el bosque. Los árboles más grandes, los más frondosos se vieron fuertemente golpeados, y no pudieron evitar que el viento los tumbara.
En cambio, el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas, perdió algunas hojas.
Desde ese momento, todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles, no son las 
apariencias, sino lo que está oculto en las raíces, dentro de tú corazón. Allí en tú alma.


23 ene. 2016

Para pensar y meditar:


Cuentan una vez que un niño iba con su padre en el tren. El trayecto duraba unas cuantas horas. El padre se acomoda en el asiento y abre una revista y comienza a leerla. El niño le interrumpe: “¿Qué es eso papá?”El hombre se vuelve para ver lo que señala su hijo y contesta: “Es una granja hijo”. Al recomenzar su lectura otra vez una pregunta: “¿Ya vamos a llegar?”, y el hombre contesta que falta mucho. No bien había comenzado nuevamente a leer su revista cuando otra pregunta le interrumpe. Y así siguieron las preguntas, hasta que el padre buscando como distraer al chico, se da cuenta que en la revista aparece un mapa del mundo. Lo corta en pedacitos y se lo da diciéndole que es un rompecabezas y que lo haga. Feliz se sentó  en su asiento, seguro de que el niño estaría entretenido todo el trayecto. No bien ha comenzado a leer su revista el niño exclama: “Ya terminé”.
“¡Imposible! ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo tan pronto?” Pero ahí está el mapa del mundo perfectamente compuesto. Entonces el padre le pregunta: “¿cómo pudiste recomponer el mundo tan rápido?” El hijo contesta: “Yo no me fijé en el mundo, detrás de la hoja está la figura de un hombre, recompuse al hombre y el mundo quedó arreglado…”

Para orar:

Hoy: palabra clave en mi vida de cada día. En este hoy se cumple la Escritura. En este hoy Cristo entra en la sinagoga de mis convicciones para proclamar un nuevo mensaje a la pobreza de mi pensamiento, a los sentimientos prisioneros de aquel deseo quebrado en las ruinas de un cotidiano gris, arrastrado hora por hora, a mi mirada ofuscada por mi horizonte miope. Un año de gracia, de regreso, de bendición. Señor, que mi hoy sea el tuyo, para que ninguna palabra tuya pueda caer en vano en mi vida, sino que todas puedan realizarse como granos de trigo en el surco helado del pasado, capaces de germinar con los primeros vientos de la primavera.

2 sept. 2015

RELATOS:¿Por qué Jesús dobla el Sudario de lino después de su Resurrección ?

¿POR QUÉ JESÚS DOBLÓ LA SERVILLETA?
Esta es una historia que puedo asegurar que nunca he visto circular en los mensajes de correo electrónico, por lo que decido contarla. Si te toca el corazón, es posible que desees compartirla.
¿Por qué Jesús dobla el Sudario de lino después de su Resurrección ? Nunca me di cuenta de esto. . .
El Evangelio de Juan ( 20:7 ) nos dice que el Sudario, que se le colocó sobre el rostro a Jesús, no sólo estaba echado a un lado junto con las vendas.
La Biblia dedica un verso entero para decirnos que el Sudario fue bien doblado, y que se colocó en un lugar aparte (quizás en donde estuvo tendido).
El domingo por la mañana, cuando todavía estaba obscuro, María Magdalena fue al sepulcro y encontró que la piedra había sido removida de la entrada.
Ella corrió y encontró a Simón Pedro y al otro discípulo, a quien Jesús amaba. Ella dijo: " Se han llevado el cuerpo del Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto! "
Pedro y el otro discípulo corrieron a la tumba para ver . El otro discípulo corrió y llegó antes que Pedro. Se detuvo, miró dentro del sepulcro y vió las vendas en el suelo, pero no entró
Luego llegó Simón Pedro y entró. También notó las vendas en el suelo, mientras que la tela que había cubierto la cara de Jesús estaba doblada y situada a un lado.
Era importante eso? ¡Por supuesto!
¿Es realmente importante? ¡Claro que Sí!
....
Para comprender el significado de la servilleta doblada , hay que entender un poco acerca de la tradición hebrea en esos días.
La servilleta doblada tenía que ver con el Maestro y el Siervo , y cada niño judío conocía esta tradición.
Cuando el siervo ponía la mesa de la cena para el Maestro, se aseguraba de ponerla exactamente de la manera en que el Maestro quería.
La mesa estaba decorada a la perfección, y luego el criado iba a esperar fuera de la vista, hasta que el Maestro había terminado de comer. El siervo no se atrevía a tocar la mesa, hasta que el Maestro hubiera terminado.
Ahora bien, si el Maestro había terminado de comer, se levantaba de la mesa, se limpiaba los dedos, la boca, y la barba , y hacía un nudo la servilleta y la lanzaba sobre la mesa.
El siervo entonces sabía que era el momento para limpiar la mesa. Porque en aquellos días, la servilleta arrugada quería decir, " he terminado . "
Pero si el Maestro se levantaba de la mesa, doblaba la servilleta y la ponía junto a su plato, el siervo no se atrevería a tocar la mesa, porque . . .
La servilleta doblada significaba...
"¡VOLVERÉ! "
QUE INCREÍBLE
QUE BELLO!
QUE MÁS..?? :
PARA DECIRNOS " ÉL" QUE REGRESA CON MENSAJE DESDE SU TUMBA!...
enlace :https://www.facebook.com/CENTRO MARIA REINA DE LA PAZ ARGENTINA

31 ago. 2015

REFLEXION :ESCUCHAR A DIOS


Reflexión indígena CHerokee.
Un hombre susurró: Dios, habla conmigo…y un ruiseñor comenzó a cantar. Pero el hombre no oyó.
¡Entonces el hombre repitió: Dios, habla conmigo!...Y el eco de un trueno se oyó…Mas el hombre fue incapaz de oír.
El hombre miro alrededor y dijo: Dios, déjame verte…Y una estrella brillo en el cielo. Pero el hombre no la vio.
El hombre comenzó a gritar: Dios, muéstrame un milagro… y un niño nació. Mas el hombre no sintió el latir de la vida.
Entonces el hombre comenzó a llorar y a desesperarse: Dios, tócame y déjame saber que estas aquí conmigo… y una mariposa se posó suavemente en su hombro…El hombre espanto la mariposa con la mano y desilusionado continuo su camino, triste, solo, y con  miedo.


26 ago. 2015

Relato: Los tres hombres ciegos.




Había tres hombres ciegos, quienes un día, fueron juntos para ver un elefante. ¡Ninguno de ellos había, jamás escuchado de un elefante, y no sabían, incluso que el elefante es un animal! Estaban muy curiosos y se determinaron a acercarse al elefante, uno a uno.
Aunque los tres eran ciegos, como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con solo tocarlas. Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance.
El primer ciego vino al elefante y se apegó a su enorme costado. Él dijo:” ¡Este elefante es como una pared!”.
El segundo ciego camino a la cabeza del elefante y choco con un colmillo. Era afilado, puntiagudo y liso. El  gritó: “¡un elefante es como una lanza!”
El tercer ciego se acercó al elefante desde un costado y le toco la oreja. Dijo él:” ¡un elefante es como un ventilador como este en un día caluroso!”.
Bueno, ellos discutieron y discutieron sobre lo que es un elefante, y debido a que no se escuchaban y no aprendían unos de otros, nunca encontraron la verdad!

¡Imaginamos un fin positivo para este cuento! …los ciegos se escucharon entre si atentamente, y unieron las imágenes mentales con las que cada uno se representaba al elefante, integrando de este modo las partes que cada uno de ellos había tocado y teniendo una idea real y objetiva de lo que es un elefante.


Fuente: Amigo de ti mismo -P.Gustavo Jamut, OMV. Ed RCC.-www.sanroquercc.org.ar.

25 ago. 2015

RELATO: BUSCAR EN EL LUGAR EQUIVOCADO.


El siguiente relato nos ilustra de manera muy simple, como en ocasiones buscamos a Dios y la respuesta a nuestras necesidades interiores, en muchas cosas y lugares, pero no lo hacemos en el lugar correcto, que es el sagrario del propio corazón.
Un sabio encontró a un muchacho cuando este estaba buscando algo de rodillas.
-“¿Qué andas buscando muchacho?”.
-“Mi llave. La he perdido”.
Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el sabio:
-“¿Dónde la perdiste?”
-“En la casa”.
-“Santo Dios! Y entonces, ¿Por qué la buscas aquí?”.
-“Por que aquí hay luz”.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a re direccionar nuestras búsquedas hacia la dirección correcta, para no desaprovechar el tiempo y las fuerzas.

Fuente: Amigo de ti mismo –pg 52–P.Gustavo Jamut, OMV. Ed RCC.

www.sanroquercc.org.ar

21 ago. 2015

CUENTO : Y DIOS CREO A LOS CATEQUISTAS...



PARA QUE EL CORAZÓN SE ENSANCHE Y EL ALMA SONRÍA!

Cuando Dios creó el mundo, un día antes de darlo por terminado, Dios encomendó a sus ángeles la tarea de recorrer de nuevo el mundo y ver si faltaba algo por hacer. Un ángel llamado Juan, le contestó: “Señor, mil veces nos has enviado a ver si faltaba algo, ya te hemos dicho que todo quedó muy bien.” Y Dios se fue a dormir.
A la mañana siguiente, Dios madrugó más de lo normal, y aún en pijama se asomó a la ventana y vio que el hombre estaba talando bosques, matando focas, robando a sus empleados, e inventando armas para pelear por el petróleo, antes aún de descubrirlo. Dios mandó a sus ángeles bajar a la tierra a indagar que había hecho mal para poder corregirlo.
Muchos días después, los ángeles subieron a Su presencia.
“Señor, te tenemos que dar una mal noticia. Toda tu obra ha quedado perfecta salvo una cosa: el corazón del hombre se rasga con cada palabra que pronuncian otros hombres, y en cada grieta se cuelan unos sentimientos extraños que Tú no creaste y que el hombre mismo les ha puesto nombre: odio, celos, rencores, ambición...”
“Nosotros hemos cerrado sus heridas con Tus palabras y con Tus sentimientos, pero no basta con cerrarlas una vez; se vuelven a abrir continuamente, el corazón del hombre te ha quedado algo olvidadizo y frágil. Habría que estar todo el día a su lado.”
Fue entonces cuando un ángel propuso: “Sólo cabe una solución, podrías destruirlo y volverlo a crear de nuevo, mejorando su corazón; el de los elefantes te quedó muy bien, podrías copiárselo.”
Dios contestó: “No sería mala idea si ya no les hubiese tomado tanto cariño, y hasta tengo escogido de entre ellos algunos para grandes misiones. Creo que es mejor solución la que dijiste antes:
Que haya ángeles en medio de los hombres, constantemente cerca, para cerrar sus heridas y sanarles el corazón y para hablarles de mi y de nuestro proyecto común, a todas horas, en toda ocasión, a tiempo y a destiempo”
.
Y ASÍ FUE COMO DIOS CREO A LOS CATEQUISTAS...




5 ago. 2014


 Esta fábula nos puede ayudar a reflexionar sobre nuestra espiritualidad:
El padre contrariado: podríamos decir que representa al hombre que encarna los puntos de la vista de la racionalidad pura, incapacitado para entender los matices del arte.
El camino hacia mi tesoro pasa también por el dialogo con los perros furiosos, es decir, el dialogo con mis pasiones, mis problemas, miedos y heridas, con todo lo que ladra dentro de mí y amenaza con tragarse mis energías.
Muchas veces huimos de nosotros mismos nos da pánico mirarnos al interior por miedo de ver allí a un furioso perro.
Los furiosos perros ladradores están llenos de vitalidad, si los encerramos quedamos privados de su energía, necesaria para llegar a dios y al encuentro con nosotros mismos.
La torre, un símbolo de la maduración humana; hunde sus cimientos en la tierra y se eleva al cielo, es redonda, símbolo de totalidad.
El tesoro puede ser un nuevo impulso de la vida, un nuevo estilo de autenticidad personal, la nueva manera de ser yo mismo hasta completar la imagen que dios ha formado en mí.

Esta fuerza transformadora no se encuentra en las superficies en que vivimos sino en las profundidades. El camino hacia esas profundidades pasa por la confianza y decisión, por el desprendimiento y receptividad a escuchar la llamada a la vida y  descubrir una fuente  la vida  allí en lo profundo, como un manantial de vida que nunca se agota.

26 abr. 2014

leyenda de los colores


Cuenta una leyenda que, hace muchos años, los colores tomaron conciencia de quienes eran y pudieron verse a sí mismos. El problema que surgió fue que, cada uno, creyó ser el mejor.

–Yo tengo el color del fuego– dijo el rojo.
–Yo el del sol– dijo el amarillo.
–Nosotros el del cielo y el mar– respondieron el azul y el índigo.
–Yo el de las hojas de los árboles– dijo el verde, altanero.
–Yo el de las naranjas maduras.
–Yo el de las flores del jacarandá y de muchos otros árboles– dijo el violeta.

Cada uno estaba orgulloso de sí mismo, pero no podía ver la belleza del otro.
El marrón, desde el suelo, les decía que hacían un hermoso conjunto, pero ninguno quería oírlo.

¿Por qué iban a escuchar a ese color tan triste? Ninguna flor era marrón, ni el agua pura, ni las frutas. Bueno, el coco era marrón, pero estaban de acuerdo en que, por afuera, era bastante feo.

El blanco, que también les decía que era estupendo que estuvieran unidos, era, en la opinión de los colores, el más aburrido.

Cierto día, en el cielo, el sol conversaba con las nubes acerca de lo ridículo de la pelea entre los colores. No se hablaban entre ellos y no querían estar juntos.

–Yo me esfuerzo en mandarles la mejor luz para que cada uno brille apropiadamente, pero nadie mira a los demás– dijo el sol.
–Ya sé lo que podemos hacer– dijo una nube– Vamos a provocar una buena lluvia así no te ven y, quizás, dejen de pelear.

Durante varios días llovió, y los colores en la tierra dejaron de brillar. El mundo estaba gris. Los colores estaban escondidos para no estropear-se. De a poco, se disiparon las nubes y cada uno fue saliendo de su refugio mirando hacia arriba, para ver si iba a seguir lloviendo o había parado.

En ese mismo momento, al alzar sus ojos y dejar de mirarse cada uno a sí mismo, se descubrieron juntos en un hermoso arco que se formó en el cielo. Dejaron, entonces, de pelear y se alegraron de ser tan diferentes y de poder hacer algo todos juntos.

Para reflexionar después del cuento:

Mucho se habla de la diversidad y de aceptar a los demás como son pero, a pesar de eso, se siguen haciendo diferencias. Este relato nos permite pensar en los dones o capacidades que tiene cada uno y en la posibilidad de hacer algo junto al otro.

• ¿Qué fue lo que provocó que los colores cambiaran de actitud?
• Y nosotros ¿cómo podemos convertir el corazón, como lo pide Jesús?
• ¿Somos capaces de descubrir la belleza y los valores que hay en los demás?
• Cada uno comenta alguna experiencia en la cual haya realizado algo en forma comunitaria y como fue el resultado de esa acción. Muchas personas creen que de la forma en que ellas hacen las cosas, nadie puede hacerlas y les resulta difícil delegar o hacer algo con el otro porque consideran que va a salir peor o va a ser más lento.
• ¿Cuál es la experiencia de cada uno? ¿Qué aspectos positivos se pueden extraer de hacer algo en común?

* por María Inés Casalá y Juan Carlos Pisano - La hojita de los niños, San Pablo, 5 de marzo de 2006

por María Inés Casalá
inescasala@gmail.com

El Rincón del Cuento
Septiembre 2011 – Diálogo 203

4 nov. 2013

*La leyenda de los siete colores     

Cuenta una leyenda que, hace muchos años, los colores tomaron conciencia de quienes eran y pudieron verse a sí mismos. El problema que surgió fue que, cada uno, creyó ser el mejor.

–Yo tengo el color del fuego– dijo el rojo.

 –Yo el del sol– dijo el amarillo.

 –Nosotros el del cielo y el mar– respondieron el azul y el índigo.

 –Yo el de las hojas de los árboles– dijo el verde, altanero.

 –Yo el de las naranjas maduras.

 –Yo el de las flores del jacarandá y de muchos otros árboles– dijo el violeta.

 Cada uno estaba orgulloso de sí mismo, pero no podía ver la belleza del otro.

 El marrón, desde el suelo, les decía que hacían un hermoso conjunto, pero ninguno quería oírlo.

 ¿Por qué iban a escuchar a ese color tan triste? Ninguna flor era marrón, ni el agua pura, ni las frutas. Bueno, el coco era marrón, pero estaban de acuerdo en que, por afuera, era bastante feo.

 El blanco, que también les decía que era estupendo que estuvieran unidos, era, en la opinión de los colores, el más aburrido.

 Cierto día, en el cielo, el sol conversaba con las nubes acerca de lo ridículo de la pelea entre los colores. No se hablaban entre ellos y no querían estar juntos.

 –Yo me esfuerzo en mandarles la mejor luz para que cada uno brille apropiadamente, pero nadie mira a los demás– dijo el sol.

 –Ya sé lo que podemos hacer– dijo una nube– Vamos a provocar una buena lluvia así no te ven y, quizás, dejen de pelear.

Durante varios días llovió, y los colores en la tierra dejaron de brillar. El mundo estaba gris. Los colores estaban escondidos para no estropear-se. De a poco, se disiparon las nubes y cada uno fue saliendo de su refugio mirando hacia arriba, para ver si iba a seguir lloviendo o había parado.

 En ese mismo momento, al alzar sus ojos y dejar de mirarse cada uno a sí mismo, se descubrieron juntos en un hermoso arco que se formó en el cielo. Dejaron, entonces, de pelear y se alegraron de ser tan diferentes y de poder hacer algo todos juntos.

 Para reflexionar después del cuento:

 Mucho se habla de la diversidad y de aceptar a los demás como son pero, a pesar de eso, se siguen haciendo diferencias. Este relato nos permite pensar en los dones o capacidades que tiene cada uno y en la posibilidad de hacer algo junto al otro.

 • ¿Qué fue lo que provocó que los colores cambiaran de actitud?

 • Y nosotros ¿cómo podemos convertir el corazón, como lo pide Jesús?

 • ¿Somos capaces de descubrir la belleza y los valores que hay en los demás?

 • Cada uno comenta alguna experiencia en la cual haya realizado algo en forma comunitaria y como fue el resultado de esa acción. Muchas personas creen que de la forma en que ellas hacen las cosas, nadie puede hacerlas y les resulta difícil delegar o hacer algo con el otro porque consideran que va a salir peor o va a ser más lento.

 • ¿Cuál es la experiencia de cada uno? ¿Qué aspectos positivos se pueden extraer de hacer algo en común?

 * por María Inés Casalá y Juan Carlos Pisano - La hojita de los niños, San Pablo, 5 de marzo de 2006

 por María Inés Casalá- inescasala@gmail.com

El Rincón del Cuento- Septiembre 2011 – Diálogo 203


6 jun. 2013

Relato para refleccionar para el dia del Padre

Cuento: El mejor papa del mundo. (para adolescentes o  jovenes adultos)
Cuando yo nací, él tenía cincuenta años y fue un amo de casa mucho antes que se inventara el término. Yo ignoraba porque él estaba en casa y mama no, pero era la única entre mis amigos que tenía el papa cerca. Y me consideraba muy afortunada.
En los años de la escuela primaria papa hizo mucho por mí. Convenció al chofer del transporte escolar que viniera por mí hasta la casa, en vez de recogerme en la entrada de los autobuses, seis cuadras más allá. Cuando llegaba a casa, siempre encontraba el almuerzo listo: por lo general un sándwich de manteca de maní y jalea con una forma alusiva a la fecha. Mi preferido era el de Navidad: los sándwiches estaban rociados con azúcar verde y cortado en forma de árbol.
Al crecer, en mis intentos de ser independiente quise apartarme de estas señales infantiles de su amor. Pero él no estaba dispuesto a capitular. En el secundario, como yo ya no podía ir a casa a almorzar, comencé a llevarme una vianda. Papa se levantaba algo más temprano y me lo preparaba. Yo nunca sabía a qué atenerme. A veces el exterior de la bolsa tenía un paisaje de montaña pintado por el (acabo por ser una marca de fábrica), o un corazón con la inscripción Papa- y Angie. Adentro siempre había una servilleta con el mismo corazón o un “te quiero”. Muchas veces escribía un chiste , una adivinanza, tal como :¿porque en vez de llamarlas papayas no se llaman mamayas?. Siempre tenía algún dicho gracioso para sacarme una sonrisa y hacerme saber cuánto me amaba.
Solía esconder mi almuerzo para que nadie viera esas inscripciones, pero eso no duro mucho tiempo. Un día, un amigo vio esas servilletas y me la arrebato para hacerla circular por el comedor. La cara me ardía d vergüenza. Para mi sorpresa, al día siguiente todos mis compañeros estaban a la espera de ver la servilleta. Por la manera que actuaban, pienso que todos habrían querido tener a alguien que les demostrara tanto amor. Yo estaba muy orgullosa de tener un padre como el. Siguió haciéndome esas servilletas durante todo el secundario; aún conservo la mayoría.
Y la cosa no termino allí. Cuando deje el hogar para ir a la universidad, pensé que los mensajes terminarían. Pero tanto mis amigos como yo nos alegramos de que aquellos gestos continuaran.
Como ya no podía ver a papa todos los días, lo llamaba mucho por teléfono. ¡Qué facturas de teléfono las mía!. No importaba tanto lo que nos dijéramos: me bastaba con oír su voz.
Durante ese primer año establecimos una suerte de rito que mantuvimos siempre. Cada vez que me despedía, el preguntaba invariablemente:

-¿Angie?
-¿si, papá?
-te amo.
-yo también te amo, papá.
Comencé a recibir cartas casi todos los viernes. El personal de recepción siempre sabia quien las enviaba: el remitente decía :El Grandote. Muchas veces los sobres traían la dirección en crayón y además de las cartas, generalmente traían dibujos del perro, del gato, dibujos infantiles de él y de mama; si yo había pasado en cas el fin de semana anterior, dibujos donde se me veía con mis amigos, corriendo por el pueblo, son la casa como meta. También seguía con su paisaje de montaña y la leyenda inscripta en el corazón: Papa y Angie.

La correspondencia se entregaba todos los días antes del almuerzo, así que yo llevaba sus cartas a la cafetería. Me di cuenta que era inútil esconderlas porque mi compañera de cuarto era una amiga del secundario y sabia de las servilletas. Pronto se convirtió en el rito de los viernes por la tarde. Mientras yo leía las cartas, el dibujo y el sobre circulaban entre las demás.

Fue por entonces que papa enfermo de cáncer. Si el viernes no recibía carta, era porque se sentía muy mal y no podía escribir. Solía levantarse a las cuatro de la madrugada para sentarse a redactarlas en tranquilidad en la casa silenciosa. Si pedía la entrega del viernes , las cartas llegaban por lo general uno o dos días después. Pero nunca faltaban.

Mis amigos solían llamarlo “el mejor papa del mundo”. Un día le enviaron una tarjeta, firmada por todos, en el que le otorgaban ese título. Creo que nos enseñó a todos lo que significaba el amor paterno. No me sorprendería que mis amigos empezaran a enviarles servilletas a sus hijos, pues él les dejo la marca indeleble, inspirándolos a dar a sus propios hijos la clara expresión del amor.

Durante los cuatro años de universidad sus cartas y sus llamadas se sucedieron con regularidad. Pero llego el día en que decidí ir a casa y estar con él, pues se había agravado y nos quedaba poco tiempo para estar juntos. Fueron esos días más difíciles de mi vida. Fue duro ver a ese hombre siempre jovial, envejecer más allá de sus años. Al final non me reconocía; solía confundirme con alguna parienta a la que no veía tiempo atrás. Aunque yo sabía que era a causa de su enfermedad, me dolía que no pudiera recordar mi nombre.

Un par de días antes de su muerte estuvimos solos en su cuarto del hospital, mirando televisión tomados de la mano. Cuando me preparaba para salir, él dijo: -¿Angie?

-¿si papa? – te quiero.

-yo también te quiero, papa.

 Fin

 Autor anónimo

11 may. 2013

cuento : carta de despedida a un amigo...

 i por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. .Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un0 beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles "lo siento", "perdóname", "por favor", "gracias" y todas las palabras de amor que conoces.

 Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos cuanto te importan."                                                                                                                                                                                                                  GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

7 may. 2012

CUENTO PARA NIÑOS


Cuento: Diario de un penitente

 En los países europeos, es muy común que las personas —desde las más elevadas, hasta simples campesinos— registren en un cuaderno los acontecimientos, las reflexiones o impresiones que más les llamaron la atención. Esos diarios constituyen, inclusive, una preciosa fuente de informaciones para los estudiosos, sobre todo los que se dedican a escribir lo que los franceses llaman de la petite histoire (la pequeña historia).

 Hace más de diez años, oí de un ilustre conferencista brasileño la narración del hecho abajo transcrito, leída por él en un libro de un escritor francés.

Como turista inteligente, caminaba tranquilamente ese escritor por las calles de Roma, la “Ciudad Eterna”, sin un plan preconcebido, “sintiendo” los lugares densos en cultura y tradiciones, analizando los grandiosos monumentos, las pintorescas calles y plazas. Caminando, por así decir, sin rumbo, pasó por una de las innumerables iglesias de la ciudad pontificia y notó al acaso, grabada en la piedra, una inscripción que le despertó la curiosidad.

 “¿Será el memorial del arquitecto que construyó el sagrado edificio? ¿O será obra de algún vándalo?” —pensó él.

 Se aproximó, y desde el primer momento notó el detalle de la letra artísticamente diseñada. Leyó la primera frase:

 “Hoy, 25 de agosto, pequé. Pero, gracias a Dios, ya me confesé”. Emocionado, el escritor constató que la inscripción era el “diario espiritual” de un pecador arrepentido y decidido a marcar en la piedra, para todos los siglos, su testimonio de lucha, humildad y gratitud. Seguía un igual gemido del alma: “Hoy, 26 de agosto, volví a pecar. Pero ya me confesé, gracias a Dios”.

 Se sucedían así las frases, siempre iguales en la sustancia, con ligeras variaciones en la forma. Pero con un detalle importante: a medida que pasaba el tiempo, iba quedando mayor el período entre una caída y otra. De casi cotidianas al principio, pasaron a ser semanales, mensuales. Después, varios meses sin pecar. Por fin, nuestro turista-escritor llegó a su última frase, un verdadero grito de victoria y gratitud: “Hoy, 13 de marzo, hace un año que no peco. ¡Alabado sea Dios!”

 Conmovido hasta las lágrimas, tuvo él deseos de arrodillarse y besar aquella reliquia de un alma que, en lugar de desanimar al considerar su flaqueza, confió en la misericordia de Dios, perseveró en la oración, por la cual obtuvo las gracias abundantes para luchar con éxito hasta alcanzar la victoria completa. Bendito, ciertamente, es la sangre de los mártires derramada en el Coliseo y en tantos otros lugares de la Tierra.

 Benditas también las confesiones grabadas en ese “diario” de piedra, las cuales nos traen vivamente a la memoria el libro “Confesiones”, del gran Doctor de la Iglesia, San Agustín.

8 jun. 2011

Jorge Bucay  SUEÑOS SEMILLA...       De "Cuentos para pensar"
  En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.
...Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.
En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.
Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas... para convertirse en árboles.
Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.
Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.
Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez  cegadora.
Y así crecemos, nos desarrollamos,  evolucionamos... Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.
Nada hay que temer,... una sabiduría interior las acompaña... porque  cada semilla sabe... cómo llegar a ser árbol...
 
nh � o m ��K (XJ y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...
Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.  
Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.  
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?   
El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras... Los obstáculos los trajiste tú.