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7 feb. 2018

Nos preparamos para la cuaresma

Se supone que es un momento en que simplificamos, despojándonos de los elementos físicos básicos para que podamos intensificar nuestras vidas espirituales. Se vuelve un poco más complicado cuando eres responsable de algo más que tu propia vida espiritual. Las madres a menudo descubren hasta qué punto nuestras decisiones (y nuestras actitudes) con respecto a la Cuaresma afectan a toda la familia. En ninguna parte es más evidente que el tema de la comida.
El ayuno es uno de los tres "pilares" de la Cuaresma, junto con la oración y la limosna. Y durante la Cuaresma, practicamos el ayuno de una manera particular, así como observar los viernes sin carne, cuando nos abstenemos de comer carne. Ayunar y abstenerse no son lo mismo, aunque a veces suceden juntos. Entonces, ¿qué significa todo ésto?
Ayunamos el Miércoles de Ceniza (este año, el 14 de febrero) y el Viernes Santo (este año, el 30 de marzo). Ayunar significa que podemos comer una comida completa y dos comidas más pequeñas (que, juntas, son más pequeñas que una comida completa). Cuando ayunamos, no comemos entre comidas , todas las personas de entre 18 y 59 años deben ayunar , con estas excepciones : mujeres embarazadas y lactantes y cualquier persona que sufra una enfermedad mental o una enfermedad física como la diabetes.
  • ¿Los niños tienen que ayunar? No.
  • ¿Las personas mayores tienen que ayunar? No.
  • ¿Tenemos que ayunar de los líquidos? No. El ayuno se refiere a la comida, no a los líquidos. Se permiten líquidos en cualquier momento , pero no se deben consumir alimentos sólidos entre las comidas.
Nos abstenemos de comer carne todos los viernes durante la Cuaresma, así como el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Abstenerse de comer carne significa que no comemos carne o productos cárnicos los viernes durante la Cuaresma, o el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Los católicos de 14 años en adelante deben abstenerse de comer carne en esos días.
Podemos comer:
  • huevos
  • pescado
  • granos
  • productos lácteos
  • vegetales y frutas
  • anfibios, reptiles y mariscos- cocodrilo durante la Cuaresma)
No podemos comer:
  • pollo u otras aves de corral
  • carne de vacuno
  • Cordero
  • Cerdo
  • juego
El área gris: cosas como salsa y caldo. 
La abstinencia no incluye jugos de carne y alimentos líquidos hechos de carne. Por lo tanto, alimentos tales como caldo de pollo, consomé, sopas cocinadas o aromatizadas con carne, salsas o salsas de carne, así como aderezos o condimentos hechos de grasa animal técnicamente no están prohibidos. Sin embargo, los teólogos morales tradicionalmente han enseñado que debemos abstenernos de todos los productos derivados de animales (excepto alimentos como gelatina, mantequilla, queso y huevos, que no tienen ningún sabor a carne). Los peces son una categoría diferente de los animales. Se permiten especies de peces salinos y de agua dulce, anfibios, reptiles (animales de sangre fría) y mariscos.







Material Cuaresma 2018

Es Hacer un camino ( pintado de morado) que nos irá ubicando en distintos espacios cada domingo:
DESIERTO-TABOR-TEMPLO-OSCURIDAD-SEMBRADO…
La palabra de Dios que es nuestra brújula (GPS) nos ira acompañando cada domingo y tendrá un mensaje directo para nosotros (los bocadillos).
Os compartimos varios archivos de la misma idea:
– El dibujo que empieza en blanco y negro que cada semana se va coloreando
– Ficha en b/n que pueden los niños colorear cada domingo una parte y completar el bocadillo..
-Nosotros en la eucaristía imprimiremos el archivo MUPPY (tamaño 1,79 x 120 que como es el tamaño de las marquesinas de los autobuses sale muy barato) recortaremos el evangelio y las frases de los bocadillos y haremos que el evangelio avance por las distintas ubicaciones y añadiremos cada domingo una frase. También lo mandamos en A4.
Desde la Acción Católica General han preparado unas catequesis que podrán ayudarnos. Todavía nos las tenemos, pero en cuanto las tengamos las adjuntaremos a este material.
Buena travesía hacia la pascua…. Caminemos con esperanza esta cuaresma pues sabemos con quién vamos y que nos lleva a la VIDA.












CUARESMA 2018

w2.vatican.va                                 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2018

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

Queridos hermanos y hermanas:
Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión»[1], que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.
Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).
Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.
Los falsos profetas
Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?
Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.
Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.
Un corazón frío
Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo[2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?
Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos[3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.
También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.
El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero[4].
¿Qué podemos hacer?
Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.
El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos[5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.
El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?[6]
El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.
Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.
El fuego de la Pascua
Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.
Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.
En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»[7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.
Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.
Vaticano, 1 de noviembre de 2017
Solemnidad de Todos los Santos
Francisco


[1] Misal Romano, I Dom. de Cuaresma, Oración Colecta.
[2] «Salía el soberano del reino del dolor fuera de la helada superficie, desde la mitad del pecho» (Infierno XXXIV, 28-29).
[3] «Es curioso, pero muchas veces tenemos miedo a la consolación, de ser consolados. Es más, nos sentimos más seguros en la tristeza y en la desolación. ¿Sabéis por qué? Porque en la tristeza nos sentimos casi protagonistas. En cambio en la consolación es el Espíritu Santo el protagonista» (Ángelus, 7 diciembre 2014).
[4] Núms. 76-109.
[5] Cf. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 33.
[6] Cf. Pío XII, Enc. Fidei donum, III.
[7] Misal Romano, Vigilia Pascual, Lucernario.

4 jul. 2017

3 mar. 2017

El ayuno verdadero es ayudar a a los demás !!!

03/03/2017 – El ayuno verdadero es socorrer al prójimo, el falso mezcla la religiosidad con las especulaciones sucias y los sobornos de la vanidad. Así se expresó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Las lecturas del día se refieren al ayuno, es decir – explicó el Papa – “a la penitencia que estamos invitados a hacer en este tiempo de Cuaresma” para acercarnos al Señor. A Dios le agrada “el corazón penitente”, dice el Salmo, “el corazón que se siente pecador y que sabe que es pecador”.
En la primera lectura – tomada del Libro del Profeta Isaías – Dios reprocha la falsa religiosidad de los hipócritas que ayunan mientras se ocupan de sus propios negocios, oprimen a los obreros y se pelean “golpeando con puños inicuos”: por una parte hacen penitencia y, por otra, realizan injusticias, haciendo “negocios sucios”. En cambio, el Señor pide un ayuno verdadero, atento al prójimo:
“El otro es el ayuno ‘hipócrita’ – es la palabra que usa tanto Jesús –  es un ayuno para hacerse ver o para sentirse justo pero mientras tanto he hecho injusticias, no soy justo, exploto a la gente. ‘Pero yo soy generoso, haré una buena ofrenda a la Iglesia’… ‘Pero dime, ¿tú pagas lo justo a tus empleadas domésticas? ¿A tus empleados les pagas en negro? ¿O como dice la ley, para que puedan dar de comer a sus hijos?’”.
Francisco relató un hecho ocurrido inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial al padre jesuita Pedro Arrupe, cuando era misionero en Japón. Un rico hombre de negocios le entregó una donación para su actividad evangelizadora, pero con él estaban un fotógrafo y un periodista. El sobre contenía sólo diez dólares:
“Esto es lo mismo que nosotros hacemos cuando no pagamos lo justo a nuestra gente. Nosotros recibimos de nuestras penitencias, de nuestros gestos de oración, del ayuno, de la limosna, recibimos un soborno: el soborno de la vanidad, del hacernos ver. Y eso no es autenticidad, es hipocresía. Por eso cuando Jesús dice: ‘Cuando recen háganlo a escondidas, cuando den la limosna no hagan sonar la trompeta, cuando ayunen no se hagan los melancólicos’, es como si dijera: ‘Por favor, cuando hacen una obra buena no reciban un soborno de esta obra buena, es sólo para el Padre’”.
El Obispo de Roma citó asimismo al Profeta Isaías, quien relata que el Señor dice a los hipócritas cuál es el ayuno verdadero. Palabras que parecen dichas “para nuestros días”:
“‘¿Acaso no es más bien éste el ayuno que quiero: romper las cadenas inicuas, desatar los lazos del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda opresión? ¿‘Acaso no consiste en compartir el pan con el hambriento, hacer entrar en casa a los pobres,  a los sin techo, vestir a uno que ves desnudo sin descuidar a tus parientes?’. Pensemos en estas palabras, pensemos en nuestro corazón, en cómo ayunamos, rezamos y damos las limosnas. También nos ayudará pensar en lo que siente un hombre después de una cena que ha pagado 200 euros, por ejemplo, y regresa a su casa y ve a un hambriento y ni lo mira y sigue caminando. Nos hará bien pensar en esto”.
Fuente: News.va
Con el miércoles de ceniza comenzamos la Cuaresma, 40 días de preparación para la celebración de la Pascua. En este tiempo, la Iglesia nos invita a vivir con especial intensidad el ayuno, la oración y la caridad.
El ayuno tiene como objetivo vaciar nuestro corazón para llenarlo de algo mas valioso. Es una necesaria limpieza del alma para darle lugar a la grandeza para la que Dios nos ha creado.
Ayuna de juzgar a otros; descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo; llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte; llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura; llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo; llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas; comprométete en la propagación del Reino.
Ayuna de desaliento; llénate del entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos; llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a El te acerque.

27 feb. 2017

Tiempo de Cuaresma




¿QUÉ ES LA CUARESMA?
Es un tiempo litúrgico especial que va desde el miércoles de ceniza hasta el jueves santo, dura alrededor de cuarenta días (de ahí su nombre), comprende cinco domingos. Es un camino de preparación para la Pascua, donde somos llamados a la conversión. Estamos invitados a vivir especialmente el ayuno, la oración y la limosna, no como fines en sí mismo sino medios para morir a todo lo que se opone al proyecto de Dios y llegar a la Pascua transformados.
Comienza el miércoles de Ceniza y se extiende hasta el Jueves Santo.
La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres de la Iglesia insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración y la limosna, porque expresan la conversión con relación a sí mismo (ayuno), con relación a Dios (oración) y con relación a los demás (limosna).
-Ayuno: no es sólo de comida y bebida, sino de todo aquello que nos esclaviza y que no conduce al bien.
-Oración: acercarnos al Padre misericordioso, pedirle perdón de corazón, y pedir su ayuda, ya que sin él, nada podemos.
-Limosna: la práctica de la caridad “cubre la multitud de los pecados” (1 Pedro 4, 8). No es dar lo que me sobra, sino compartir lo que tengo.
La idea de la Cuaresma será más cercana al significado de la temporada de la Iglesia si la primera cosa que le viene a la mente es una imagen de la nueva vida— del Bautismo. El Bautismo nos da la clave para la Cuaresma.
Hemos visto que en los siglos IV y V, la Iglesia desarrolló liturgias para ayudar a las personas que querían ser cristianas. Los últimos cuarenta días de este camino de fe, el último “retiro de cuarenta días” antes del bautismo, se convirtieron en lo que ahora llamamos Cuaresma. La Cuaresma es el tiempo para los catecúmenos para continuar su preparación para el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Es un tiempo para aquellos quienes ya hemos sido bautizados para reafirmar que este sacramento, hoy en día, significa mucho en nuestras vidas.
Fuente: Vivimos nuestra fe.
http://www.sadlierreligion.com/liveourfaith/
http://dibujosparacatequesis.blogspot.com.ar/

¿Por qué cuarenta días?
La teología y la espiritualidad de la Cuaresma se constituyeron en relación con diversos hechos  del Antiguo y del Nuevo Testamento.
- El mismo número 40 nos recuerda:
· Los días del diluvio universal;
· Los años transcurridos por Israel en el desierto;
· Los días transcurridos por Moisés en el Monte Sinaí;
· Los días transcurridos por el profeta Elías en el desierto antes de llegar al encuentro con Dios en el Monte Horeb;
· Los días de penitencia de los habitantes de Nínive;
Y en el Nuevo Testamento:
· Los días del ayuno de Jesús en el desierto, donde al final fue tentado por el Diablo.
 Todo esto tiene un valor didáctico, la Cuaresma es el tiempo:
· De la destrucción del mal, como para los hombres del diluvio;
· De la prueba y de la gracia, como para Israel;
· De la oración que dispone para el encuentro con Dios, como para Moisés y Elías;
· De la penitencia y de la expiación en espera del juicio divino, como imitación de los 40 días de ayuno y de penitencia con los que los habitantes de Nínive aplacaron la ira divina;
· Del ayuno finalizado a comer el verdadero alimento, que es hacer la voluntad del Padre: «no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (así le respondió Jesús a Satanás al final de los 40 días pasados en el desierto).

-El miércoles de cenizas.
¿Qué es el Miércoles de Ceniza?
Es el primer día de la Cuaresma, es decir, de los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.
El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que al término de la Misa, se bendice e impone la ceniza hecha de los ramos de olivo bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior.
Es un día penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo de conversión a Dios, por eso, cuando nos imponen la ceniza nos dicen “conviértete y cree en el Evangelio”. La ceniza es polvo, símbolo de pequeñez, de nuestra pequeñez, que nos invita a volver a Dios.


¿Qué simbolizan y qué recuerdan las cenizas?
La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.
La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).
¿Cómo se impone la ceniza?
Este acto tiene lugar en la Misa al término de la homilía y está permitido que los laicos ayuden al sacerdote. Las cenizas son impuestas en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras Bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».
¿Es obligatoria la imposición de las cenizas?
El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.
- ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la frente?
Cuanto uno desee. No existe un tiempo determinado.
- ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?
El Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y abstinencia, como en el viernes Santo, para los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de esos límites es opcional. Ese día los fieles pueden tener una comida “fuerte” una sola vez al día.
La abstinencia de comer carne es obligatoria desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de mortificación u ofrecimiento como el rezo del rosario.

-El color morado:
El color morado es uno de los colores sombríos, sin embargo el rojo que contiene lo anima un tanto.
Su parecido con el matiz grisáceo de la ceniza nos predica la penitencia. Se parece mucho a la violeta, esa flor modesta y solitaria que se esconde bajo el pasto, como para huir de la vista del hombre, y que parece no tener belleza y perfume sino para el Creador.
Es símbolo de humildad, de retiro, de delicada melancolía  de nostalgia del cielo. El color morado indica el duelo, pero no un duelo tan entero y absoluto que implique atisbo alguno de desesperación. Por eso es un color muy apropiado para expresar la tristeza  santa y agradable a Dios.
El morado se emplea, por lo común en días que tienen carácter penitencial. Es sobre todo el color del adviento y de la Cuaresma. La celebración del Adviento, si bien va acompañado con cantos de alegría ya que en el horizonte está siempre la figura del Señor que vendrá para salvarnos, incluye sin embargo, un toque de penitencia, al tiempo que expresa nuestro ardiente deseo de ser rescatados del pecado.
Es así mismo el color de la Cuaresma, en cuyo transcurso nos consagramos a las obras y al espíritu de penitencia.
El color morado nos advierte que aún estamos lejos de la Jerusalén celestial, sentados a la orilla de los ríos de Babilonia, la nostalgia de la patria desata nuestras lágrimas. Digamos finalmente que este color suple en la actualidad al color negro que antes se usaba para los oficios de difuntos.
 - Los  pilares para vivir de la mejor manera la cuaresma son:
 1 - Ayuno, Abstinencia y Mortificación.
El ayuno significa limitar el número de comidas diarias para las personas de entre 18 y 56 años (a menos de que no sea recomendable por razones médicas). Nuestra Iglesia nos dice que el ayuno es obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (Código Derecho Canónico #1251).
Abstinencia significa no comer carne los viernes, principalmente el Viernes Santo. Esto es para todos apartir de los 14 años hasta su muerte. (Código Canónico #1251)
La mortificación significa “morir” (en sentido figurado) a aquellos gustos que pudieran alejarnos de Jesús. La finalidad es ayudarnos a crear una disciplina personal y lograr una purificación personal. Es importante practicar la mortificación con alegría, rectitud de intención, sencillez y humildad.

Algunas ideas de mortificación son:
- Evitar la queja, el chisme, contestar de mala manera o perder la paciencia.
- Abstenerse de bebidas, postres o comidas favoritas.
- Limitar el tiempo de entretenimiento como la tele, el cine, comer fuera de casa, comprar comida cara, etc.
- Evitar la cafeína, la cerveza, el licor, el cigarro o cualquier otro “gusto personal” (¡especialmente si puede ser dañino!).
- Comer menos (porciones más chicas) y evitar botanas entre comidas.
- Ayunar (aunque sea parcialmente) otros días además del miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
- Comer sin quejarse.
- Comer comida más sencilla, menos apetitosa al sentido del gusto.
- Evitar pasar tiempo innecesario en Internet o con videojuegos.
- Examinar el presupuesto y abstenerse de todo gasto innecesario, fomentando una vida más austera.

Mis propósitos son...
Nuestros propósitos como familia son...
 2- Dar Limosna.
“La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración y la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás”. (CIC #1434) La finalidad de practicar la limosna es desarrollar y perfeccionar el amor que Cristo Jesús pide a sus discípulos. Al ser generoso, expresamos nuestra gratitud a Dios por todo lo que El nos ha dado.

Algunas ideas para dar limosna:
- Cualquiera que sea la cantidad de dinero que nos estemos ahorrando por el ayuno, debemos ofrecerlo al necesitado, a las misiones de la iglesia o a una causa noble.
- Considera dar limosna en forma regular, pídele a Dios que te dé un corazón generoso y te guíe hacia las personas que lo necesitan.
- Si lo practicas en familia, ayuda tener un frasco o cajita a la vista, como recordatorio y ver así cómo están cumpliendo con su limosna.
- También se considera dar limosna el ofrecer nuestro tiempo y nuestros recursos a los que lo necesitan como a una asociación de caridad, donando ropa a obras de caridad, etc.
- Involúcrate más en tu parroquia, ayuda en las diferentes actividades, ofrécete como catequista, sirve en el coro, etc.

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3-Oración y Reflexión.
La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes” (CIC #2559). La oración es un diálogo con Dios. Las fuentes de la oración son la Palabra de Dios, la Liturgia de la Iglesia y las Virtudes de la Fe, la esperanza y la Caridad.(CIC # 2662) La finalidad de la oración y de la reflexión es ayudarnos a conocernos mejor y conocer más a Dios; son importantes para una verdadera comunión de corazón y renovación espiritual.

Para crecer en la vida de oración se puede:
- Ir a Misa entre semana o si no es posible, leer las lecturas del Misal diariamente y meditar en ellas. Esto puede hacerse en familia, tal vez a la hora de comer.
- Buscar los Sacramentos de Comunión y Reconciliación, haciendo un buen examen de conciencia.
- Orar la Liturgia de las Horas. En algunas iglesias se reza “Laudes” u oración de la mañana. La Liturgia de las Horas es una oración que nos une con toda la iglesia universal.
- Meditar en las Estaciones de la Cruz. Durante la Cuaresma se hace especial énfasis en estas oraciones por que nos ayudan a meditar en la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Normalmente se rezan los viernes. Esta es una actividad excelente para hacerse en familia.
- Otras oraciones pueden ser: El Rosario diario, Visitas al Santísimo Sacramento, Oraciones cortas o jaculatorias, Rezar el Angelus al medio día y a las 6 de la tarde, la Bendición de los alimentos, Comunión espiritual, etc.
- Reflexionar cómo podemos asemejarnos más a Jesús en nuestra conducta diaria.
- Orar en familia. “Particularmente para los niños pequeños, la oración diaria familiar es el primer testimonio de la memoria viva de la iglesia que es despertada pacientemente por el Espíritu Santo”. (CIC # 2685)

Mis propósitos son...
Nuestros propósitos como familia son...

-El Vía Crucis o Camino de la Cruz.
Vía Crucis" en latín o "Camino de la Cruz”. También se le llama Estaciones de la Cruz y Vía Dolorosa. Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de imágenes de la Pasión o "Estaciones" correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación.
Desde los primeros siglos los peregrinos de Jerusalén veneraban los lugares santos, especialmente el Gólgota y el Sepulcro. Según las revelaciones de Dios a Santa Brígida, luego de la muerte de Cristo, el mayor consuelo de su Madre era recorrer los lugares de aquel sagrado camino regados con la sangre de su Hijo.
La imposibilidad de ir a Jerusalén o el deseo de recordar con frecuencia en su propia tierra los momentos de la Pasión, hizo nacer en la cristiandad diversas formas de representar aquellos lugares para ser recorridos en una especie de peregrinación espiritual.

Su ejercicio tiene indulgencia plenaria cuando se hace ante estaciones legítimamente erigidas. Aunque es costumbre laudable leer un texto y rezar determinadas oraciones, puede hacerse meditando mentalmente lo que propone cada estación.
Dice San Bernardo: “No hay cosa tan eficaz para curar las llagas de nuestra conciencia y purgar y perfeccionar nuestra alma como la frecuente y continua meditación de las llagas de Cristo y de su Pasión y Muerte”.

Las imágenes pueden ser pinturas o esculturas. Algunas representaciones son grandes obras de arte inspiradas por Dios para suscitar mayor comprensión del amor de Jesucristo y movernos a la conversión, se colocan en intervalos en las paredes de la iglesia o en lugares reservados para la oración. Los santuarios, casas de retiros y otros lugares de oración suelen tener estaciones de la cruz en un terreno cercano. En los monasterios generalmente se encuentran en el claustro.


Es la meditación de los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz y posterior resurrección. Literalmente, vía crucis significa "camino de la cruz". 

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