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1 nov. 2017

Celebración de la Reconciliación según la parábola del PADRE MISERICORDIOSO.

Celebración de la Reconciliación



1.- ENCUENTRO PREVIO

·         OBJETIVOS:
  • Que los chicos descubran la disposición de Dios Padre de perdonar siempre.
  • La importancia de aprender a mirar nuestro corazón para descubrir en él lo que nos aleja de Dios (pecado).
·         MOTIVACIÓN:

·          ILUMINACIÓN:  
  • Lectura de Lc. 15, 11-24

·         DESARROLLO:
  • Reflexión sobre la parábola. Diálogo del animador con los chicos:
¿Qué pidió el menor de los hijos?
¿Qué hizo el padre?
¿Qué hizo el hijo menor con los bienes que su padre le dio?
¿Qué es sufrir privaciones? ¿Por qué le pasa esto al hijo menor?
¿Qué trabajo consiguió? (En la tradición judía era un trabajo mal visto porque el cerdo era un animal considerado impuro y que no consumían)
¿Podía calmar su hambre? ¿Por qué?
¿Qué hizo entonces?
¿Qué decidió hacer?
¿Dónde estaba el padre?
¿Qué hizo cuando lo vio?
¿Qué hizo el padre?
¿Cómo termina la parábola?

·         ACTIVIDAD DE FE:
  • Marcar dos columnas en la hoja del cuaderno: una para el hijo menor y otra para el padre. Completar cada una con las actitudes (verbos) correspondientes.
Destacar el abrazo del Padre,  la fiesta que organiza, los regalos que tenía preparados: la mejor túnica y  un anillo como signo de que vuelve a ser hijo suyo.

Entrega del Examen de conciencia.



2.- CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN

Tener presente a cada nene en nuestra oración cotidiana y poner en manos del Señor toda esta preparación.

Previamente tenemos que anunciar a las familias de nuestros chicos el gran regalo que van a recibir, el abrazo del perdón.



Recursos para la celebración:
  • Cartel anunciando EL ABRAZO DEL PERDÓN.
  • Letra de la canción “Qué alegría, Padre bueno”, autor Padre Néstor Gallego, en CD 10 Parábolas. https://youtu.be/xewFloCPXrU o tambien https://youtu.be/P6D_evmMwsk.
  • Caja/s de regalo con anillos. Los anillos pueden ser armados, se consiguen en las casas de artículos para bijou, pequeños cuadraditos de madera con imágenes de Jesús y los anillos ajustables por separado, sólo hay que pegarlos. O bien, pueden ser anillos de color, tipo alianza. Queda a criterio de los catequistas.
  • Libro de la Palabra con el texto de Lc. 15, 11- 24
  • Música instrumental para que sirva de fondo durante la celebración.
  • Equipo de audio / reproductor.

Desarrollo de la celebración:

Tener dispuesto el lugar del templo o capilla donde los chicos se confesarán.

Recibirlos con alegría.

Una vez que llegaron todos, ponerse en presencia del Señor.

Lectura de la Parábola del Padre Misericordioso. Recordar brevemente lo compartido en el encuentro.

El sacerdote, una vez dada la absolución, le dará a cada uno un ABRAZO como gesto de misericordia y pondrá el ANILLO como signo de la reconciliación con el Padre.

Para finalizar la celebración, rezar todos juntos un Padre Nuestro en acción de gracias por el perdón y el amor recibidos en este sacramento.

Bendición final.

“Y el Padre hizo fiesta…”. Preparamos una rica merienda (solicitar previamente ayuda a las familias) para compartir y festejar el Abrazo del perdón. Que el lugar donde se sirva esté ambientado como una fiesta, banderines, globos, carteles, un afiche pegado en la pared que diga...
 HOY RECIBIERON, POR PRIMERA VEZ, EL ABRAZO DEL PERDÓN y que los chicos, a medida que van entrando al lugar, escriban su nombre.






2 mar. 2016

Parábola del hijo prodigo -Actividades interactivas para niños

Título del Sermón: "¡Él me ama!" y "Perdido y encontrado"

Escritura: Lucas 15:11-32
IDEAS AL CONTAR LA HISTORIA: Cuente la historia llevando a cabo varias "acciones" mientras la cuenta. Indíquele a los niños que alcen un dedo de cada mano cuando la historia diga que un hombre tenía dos hijos. Ponga dinero de jugar en la mesa cuando el hijo le pide al padre su parte de la herencia. Cuando la historia indique que el padre está triste y angustiado por su hijo, pídales que demuestren tristeza en sus caras. Quite el dinero de la mesa cuando la historia indique que no pasó mucho tiempo antes que el dinero fuera malgastado y se le hubiese acabado. Gruña (haga el sonido) como los cerditos cuando se hable del hijo alimentando a los cerdos. Pinchen la nariz y haga el gesto que usted hace cuando algo apesta, cuando se indica que el hijo estaba rodeado de cerdos apestosos. Cuando la historia indica que el hijo decidió mirar a su alrededor y ver su situación, viren la cabeza de lado a lado. Los niños se divertirán haciendo estas acciones al escuchar nuevamente la historia ya sea por la maestra u otro niño. Ellos no se olvidarán de las acciones hechas y posiblemente podrán contársela a sus familiares y amigos haciendo los gestos adecuados.
UTILERÍA PARA USAR EN LA HISTORIA: Entréguele un objeto a cada niño y deje que ellos indiquen la relación del objeto con la historia. Los objetos pueden ser dinero de jugar, sandalias, comida, cerdito plástico, un becerrito o vaca plástica, una invitación a una fiesta, globos, una sortija y algunos binoculares. (Si no tiene los objetos puede tener algún dibujo o fotografía de ellos.)
CORTA PRESENTACIÓN SACADA DE UNA BOLSA DE PAPEL: Antes de la actividad ponga en dos bolsas de papel una sortija, ropa de época de la historia, sandalias, una bandeja (para ser usada como mesa para la fiesta), tela para ponerla sobre "la mesa" y flores para dar un efecto festivo, y unos cuantos alimentos para la fiesta como galletas, jugos, paquetes pequeños de dulces, etc los cuales serán utilizados como la merienda de la clase. Divida la clase en dos equipos y pídale a ambos equipos que saquen lo que hay en la bolsa y representen una escena de la lección de hoy que refleje cuando el hijo llegó a la casa y la fiesta llevada a cabo. Ellos ya han escuchado la historia por parte suya y podrán entender lo de la fiesta hecha al regresar el hijo perdido. Discuta cómo se habrá sentido el padre al ver a su hijo regresar. También cómo se habrá sentido el hijo al llegar a su hogar. ¿Se habrán sentido contentos de estar en su casa? ¿Estará arrepentido del hijo de haber malgastado el dinero que su papá le dio? ¿Estará el hijo sorprendido por la forma en que se le recibió a pesar de todo lo que hizo? Piense en otras situaciones y compártalas.
GASTANDO DINERO EN LA SUBASTA: La maestra debe tener algunos objetos pequeños que los niños puedan comprar. Dele dinero de jugar a los niños (monedas y billetes) y permita que ellos traten de conseguir el objeto indicando y cuánto están dispuestos a dar. Puede ser que otros niños deseen dar más. Permítalo y véndaselo al mejor postor. Cuando todo el dinero de los niños haya sido gastado, saque un objeto grande que ellos deseen, pero que no puedan comprar, para ilustrar cómo debe haberse sentido el hijo pródigo al acabársele el dinero. Recuérdeles que no tenía ni aún para comprar alimentos. Discuta esta situación de la historia con ellos.
BANDERÍN "SOY ENCONTRADO": (Maestros, hagan esta actividad en sus casas antes de llevárselas a los niños para asegurarse que les queda bien.) Imprima las palabras del himno JESÚS ES LA LUZ DEL MUNDO y recorte alrededor del himno con tijeras de diseños. Resalte las palabras ''"yo ciego fui más ya puedo ver" con marcador amarillo. Pídale a los niños que peguen el himno en un cartón fino para recordarles del amor de Dios y su perdón. Si desea puede cubrir con la pega blanca de Elmer's, la que se usa para manualidades ("crafts") y déjela secar para que se vea brillosa y bonita.
AFICHE DE CELEBRACIÓN: En una cartulina escriba la oración "Yo ciego fui, mas ya puedo ver, gracias a Jesús" o "¡Jesús me encontró!". Pídale a los niños que escriban la palabra ¡CELEBRA! en distintos colores en diversas formas y muchas veces por toda la cartulina. Añádale otros diseños o etiquetas engomadas. Compartan sus ideas sobre la celebración habida cuando el padre se encontró con el hijo. Para los niños más pequeños pueden hacer la palabra CELEBRA para que ellos la tracen y luego decoren su dibujo con etiquetas engomadas y rayitas ondeadas y figuras geométricas a colores.
PERDIDO Y ENCONTRADO: Deje que los niños jueguen al esconder buscando un objeto pequeño escondido por la maestra. Tan pronto el niño encuentre el objeto se sugerirá otro objeto a buscar y los niños tratarán de encontrarlo. Continúe jugando, mientras tengan tiempo, buscando varios objetos que hayan sido escondidos por la maestra .
EXPLOTANDO GLOBOS: Escriba pecados cometidos por el hijo pródigo en un papelito y póngalo dentro de diferentes globos. Llene los globos antes de la clase y póngalos en un área denominada como "corral de los cerditos". Permítale a los niños tomar un globo y explotarlo para leer el pecado del hijo pródigo que se encuentra dentro del mismo. Pregúnteles que debió hacer el hijo pródigo en lugar de ese pecado.
CIRCULO DE GRUÑIR COMO LOS CERDITOS: Forme un círculo con los niños. Pídale a un niño que gruña una sola vez al niño que tiene a su derecha. Éste a su vez gruñirá una sola vez al niño que tiene a su derecha. Seguirán haciendo esto hasta que den la ronda. La regla es que el niño que está gruñiendo y el que recibe el gruñido no pueden reírse. De hacerlo tendrán que dejar el círculo. Todos los demás pueden reírse. Al dejar el círculo tendrá que irse al corral de los cerditos hasta que termine el juego. HACIENDO UN TÍTERE DE CERDO DE UNA BOLSA DE PAPEL: La maestra, antes de reunirse con los niños, dibujará 4 pezuñas, 2 orejas, 2 ojos y una nariz para que los niños coloreen y recorten y tendrá limpiadores de pipas para hacer el rabito encaracolado del cerdito. Dele una bolsa marrón a cada niño para hacer una títere con forma de cerdo pegando las partes indicadas en la bolsa. Permítale al que desee compartir esa parte de la historia con los demás.
CORRAL DE CERDOS: Utilizando las paletas de madera para las manualidades y pega permítale a a los niños crear un corral para los cerditos en forma cuadrada. Consiga fotos pequeñas de cerditos y péguelas en cartón y hágale una base para ponerlas en el corral. En la parte de atrás de cada cerdito puede escribir o pegar un pecado hecho por el hijo pródigo.
ABRAZO GRUPAL: Hagan como el padre y el hijo y dense un abrazo grupal comentando que esta es la clase de amor que Dios tiene para con sus hijos. Cuando uno de sus hijos se extravía, se pierde, o se va, Él siempre está listo para recibirlo en su hogar con brazos abiertos. Dios nos ama aún cuando no lo merecemos. Oren en esta posición para terminar la clase.

PARABOLA DEL HIJO PRODIGO -niños-


Tema: El amor de Dios es infinito e incondicional .


Objeto: Una margarita

Escritura: "Así que se puso en camino y regresó a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos" (Lucas 15:20 -).

¿Alguna vez te has preguntado si Dios te ama o no? Quizás has hecho algo malo como decir una mentira, coger algo que no te pertenece o tal vez has desobedecido a tus padres. Aún así, ¿te ama Dios? Para obtener la contestación, puedes hacer el juego "Me ama, no me ama." Sabes como es este juego, ¿no? Coges una flor, generalmente una margarita, y comienzas a halar cada uno de los pétalos diciendo 'me ama' al halar el primero y 'no me ama' al halar el segundo. Continúas haciendo esto hasta que terminas de halar todos los pétalos. El último que hales se supone que te indique si te ama o no. ¿Crees que es una buena manera de saber si Dios te ama o no? No lo creo.

Para demostrar cuánto nos ama Dios, Jesús contó una historia acerca de un hombre que tenía dos hijos. Un día, el más joven de los dos hijos fue a donde su padre y le pidió que le diera todo el dinero que le tocaría cuando él muriera. El padre estuvo de acuerdo y le dio su herencia. Unos días más tarde, el hijo empacó todo lo suyo y se fue de la casa. Al llegar a un país muy lejos, gastó su herencia viviendo libremente. Cuando todo el dinero fue gastado, fue donde un agricultor a pedir trabajo. El agricultor lo contrató y le envió a alimentar sus cerdos. El joven estaba tan hambriento que aún el alimento que le estaban dando a los cerdos le parecía bueno para él comer.

Cuando finalmente el joven llegó a tener juicio, se percató que aún los sirvientes de su padre tenían una vida mejor que él. Se dijo a sí mismo: "Regresaré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No soy digno de ser llamado hijo tuyo. Por favor, permíteme regresar a casa y ser uno de tus sirvientes."

El joven comenzó el viaje de regreso a su hogar y a su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio. Lleno de amor, corrió hasta su hijo, lo abrazó y lo besó. El hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No soy digno de ser llamado hijo tuyo."

Pero su padre llamó a sus sirvientes y les dijo: "¡Pronto! Traigan el mejor vestido, y vístanlo; y pónganle un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Traigan el becerro gordo y mátenlo y comamos y hagamos fiesta. ¡Comencemos la fiesta!"

El hermano mayor se enojó y se quejó a su padre: "He aquí, por tantos años te he servido, no te he desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Mas cuando llega tu hijo, que ha consumido tus bienes, celebras matando para él el becerro gordo."

Él entonces le dijo: "Hijo, siempre has estado conmigo, has hecho todo lo que te he pedido, pero era necesario hacer fiesta, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado."

Padre, te damos gracias por tu amor constante. Estamos agradecidos de que aún cuando nos desviamos, tú nos recibes con los brazos abiertos. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Parábola del hijo pródigo o Padre misericordioso

Sin misericordia no es posible

cor_color_contornoAdolfo Chércoles hace una sugerente exégesis de la parábola del hijo pródigo, correspondiente al cuarto domingo de cuaresma, destacando la actitud misericordiosa del Padre frente a sus vástagos en el contexto del Jubileo de la Misericordia. El padre tiene dos hijos que desconocen su corazón, lo más esencial y específico de su persona. El menor recibe la herencia y corta la relación con su progenitor, hasta que de una manera interesada regresa a casa hambriento y con la dignidad prácticamente perdida. El padre no le reprocha, hace fiesta, le devuelve sus atributos de filiación. El padre le mira de una manera única que genera la emoción y la alegría del que la percibe: “lo vio y se conmovió”. No como miramos nosotros. Con fuerza insiste el carmelita Miguel Márquez en esta verdad: “Necesitamos unas vacaciones de nosotros mismos, y la Iglesia necesita unas vacaciones de predicarse a sí misma, para predicar esa mirada única que hace que la vida de cualquier ser humano se sienta feliz de ser él mismo”.     Con la humildad de quien sabe que no es digno de ser llamado “hijo”, podemos decidirnos también nosotros a ir a llamar a la puerta de la casa del Padre: ¡Qué sorpresa descubrir que Él está en la ventana mirando el horizonte, porque espera siempre nuestro regreso! “Cuando todavía estaba lejos, el Padre lo vio y conmovido corrió a su encuentro, se echó a su cuello y lo besó” (Lc 15,20).
Tenemos por delante un gran reto pastoral en el anuncio del evangelio que ha de constituir, como subraya Carmen Pellicer, especialmente para los adolescentes y jóvenes, “en una verdadera provocación  de experiencias del reino que les inviten a esa vuelta antropológica al encuentro con Aquel que se conmueve al mirarnos con un amor incondicional”.
Al llegar el hijo mayor y enterarse de lo sucedido y, sobre todo, de la actitud benevolente del padre, se siente “ofendido”·: su “fidelidad” a ultranza parece no haber servido de nada. Mientras él no ha recibido ni un “cabrito”, la vuelta del disoluto ha llegado al extremo de matar hasta el “ternero cebado”. La actitud del hijo mayor es censurar al padre su generosidad, su inmensa misericordia. ¿No es quizá la actitud que hubiésemos tenido nosotros? Nuestra relación con los demás no es recuperadora, sino competitiva y excluyente. Nuestra “justicia” empieza y se acaba en nosotros mismos. Es incompatible con la misericordia. ¡Todos hubiésemos dicho con el hijo mayor que el padre aquel no era justo haciendo lo que había hecho!
¿Fue “injusto” el padre? Su salida en busca del “bueno” porque no quería entrar a la fiesta es el momento aciago de la escena: claramente le dice al padre por qué no quiere entrar: se siente discriminado, él tan cumplidor, “y ahora que ha venido ese hijo tuyo…”. ¡No dice “mi hermano”! ¡Es incapaz de llamar a su padre, padre nuestro!
La desventura del padre es su impotencia ante la negativa de uno de sus hijos de disfrutar en una fiesta por la recuperación de “este hermano tuyo que estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”. ¡No hay posibilidad de encontrarse con este Padre sin sentirse hermano de su otro hijo, que está llamado a la recuperación! La parábola no nos dice si entró. ¿Estamos nosotros dispuestos a entrar? Posiblemente la escena evangélica tenemos que culminarla nosotros, y parece que sin misericordia no es posible.
“Manga ancha”
Esta mirada incondicional la cultivó en el siglo XX san Leopoldo Mandic en Padua, donde siente que es “el confesor de la misericordia de Dios”. Algunos le reprochaban que era demasiado “blando” o que tenía mucha “manga ancha” con los pecadores. Él solía repetir: “Mi inspiración es el padre de la parábola del hijo pródigo”. ¿No es maravilloso?
El fraile menudo tuvo muy claro que ya seamos como el pródigo o como el hijo mayor, lo significativo es sentirnos hijos del padre misericordioso. Somos sus herederos, sus sucesores. Estamos destinados a seguir sus huellas y ofrecer a los demás la misma compasión que nosotros hemos recibido de Él. El retorno al padre es, para Luciano Sandrin, “la gracia y el desafío para llegar a ser el Padre, aquel que acoge en sus brazos a los pecadores arrepentidos, perdonándolos y reconciliándose con ellos, y hasta anticipándose a sus excusas”.
Animo a leer o releer en estos días cuaresmales El regreso del hijo pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt de Henri Nouwen. La pintura pasó a ser para él una ventana desde la que releer no solo la parábola, sino las diferentes etapas de su existencia. Un buen ejercicio cuaresmal puede ser releer en esta clave las fases de nuestra vida: la experiencia de ser el hijo más joven, la molesta pregunta sobre si no seré también el hijo mayor, la llamada que más nos desconcierta: ser el propio padre. Ahora es momento de regresar:
Regreso.
No sé bien de dónde:
¿de la escasez y de la vergüenza,
o quizá de creer que lo merezco todo
sin reconocerte mínimamente?

Regreso para comprobar de nuevo
tu abrazo sincero,
tu acogida incondicional de Padre bueno.

Regreso a la fiesta del encuentro.
            Vengo con vergüenza,
sé que no lo merezco
pero estoy tan vacío
que casi loco me he vuelto.

Regreso.
Fui demasiado altivo,
me creí el centro del mundo
y ahora compruebo
que solo Tú eres mi único rumbo.

Regreso.
Quiero abrazarte
y abrazar a mi hermano.
Da lo mismo el sentido de nuestro pecado,
nos alejamos de Ti
y ahora reconciliarnos es pura alegría,
que une la separación
gracias a un misterioso vuelco:
el de tu misericordia y tu amor.
Dibus: Patxi Velasco FANO
Texto: Fernando Cordero ss.cc.
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