18 sept 2013

UN CAMINO DE FORMACION SOBRE LA SECULARIDAD

 Ø  SECULARIDAD

A la escucha de Dios en los "surcos de la historia": la SECULARIDAD habla a la CONSAGRACIÓN: Fue el título del último Congreso Mundial de IS

La palabra secularidad viene de la palabra seculum, siglo. El Diccionario de la Lengua Española dice: secular es que vive en el siglo.

Pero nosotros sabemos que la secularidad no sólo es el hecho de ser del mundo y de vivir en medio del mundo; es mucho más: es ser y saberse responsables de este mundo, que es nuestro porque Dios nos lo ha dado, en Cristo, por heredad.

El seglar se interesa por lo que pasa en el mundo: a nivel nacional e internacional, y reza por los que gobiernan y deciden para que sea para el bien común. El laico se interesa por hacer cada vez mejor su trabajo, por estudiar y trabajar con profesionalidad, con perfección sin ser perfeccionista. La secularidad consiste en ver el mundo como positivo.

Estamos llamados a ser luz del mundo allí donde vivimos, trabajamos, oramos y nos divertimos, llámese escuela, hogar, parroquia, taller, fábrica, oficina, laboratorio, consultorio, tienda… el mundo de la tercera edad…

Muchas veces nos preguntamos  ¿cómo? O ¿qué hacer concretamente?

Jesús nos dice: “He venido para que tengan Vida y una Vida plena” (Jn 10,10).  Propuesta que es también para nosotros, si respondemos positivamente, iniciaremos ese camino del discipulado misionero, en un contexto de vida comunitaria, contribuyendo a restaurar la dignidad humana, promoviendo la defensa y el crecimiento de la familia y llevando el Evangelio a los nuevos escenarios del mundo actual, llamados a contribuir a la a transformación de las realidades temporales y a la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio con nuestro testimonio y nuestra actividad. (Cf DA 210

 

Reconocer la presencia de Dios y su plan de  salvación hoy

El papa Benedicto XVI en su Mensaje a la CMIS nos decía:

“Al interior de la humanidad en camino, inspirados por el Espíritu Santo, pueden reconocer los signos discretos y a veces escondidos que revelan la presencia de Dios. Sólo gracias a la fuerza de la gracia, que es don del Espíritu, pueden vislumbrar en los caminos, a menudo torcidos de los acontecimientos humanos, la orientación hacia la plenitud de la vida sobreabundante. Un dinamismo que representa, más allá de las apariencias, el verdadero sentido de la historia según los designios de Dios. La vocación de ustedes es de estar en el mundo asumiendo todos las cargas, los anhelos, con una mirada humana que coincida siempre con la divina, de la que brota un compromiso original, peculiar, fundado sobre la conciencia de que Dios escribe su historia de salvación en la trama misma de los acontecimientos de nuestra historia.”

 

Estamos en un cambio de época que significa una nueva cultura, unas maneras nuevas de relacionarnos entre nosotros, con Dios, con la naturaleza. Un cambio que está surgiendo y es confuso, complejo, con luces y sombras. Nos cuesta comprender lo que está ocurriendo. Por esta razón es indispensable que miremos la realidad desde el proyecto de Dios Padre, que vio como bueno todo lo que creó; que veamos la realidad con los ojos de Jesucristo que anunció el reino de Dios Padre el cual nos ofrece la vida en abundancia. Que miremos la realidad desde el proyecto de Dios padre

Es decir que debemos ver la realidad con esperanza, con confianza, con alegría, que tratemos de descubrir en ella el llamado que el Señor nos hace para contribuir a la construcción de su Reino de vida. Nosotras tenemos en esta realidad compleja y desafiante, nuestra misión, el escenario en el cual hemos de vivir nuestro ser consagradas. Por tanto debemos conocer la realidad, comprenderla desde los valores del Evangelio, desde la mirada de Jesús aprovechando los aportes de las ciencias y descubriendo en ella los rostros de los más pobres y necesitados, los rostros sufrientes del mismo Cristo (Cf DA)

 

Hacerse unidad en Cristo

Y en otra parte del Mensaje el Santo Padre nos decía: . Punto firme e irrenunciable, referencia segura para nutrir aquel deseo de hacerse unidad en Cristo que es tensión de la existencia total de todo cristiano, más aún, de quien ha respondido a una llamada radical del don de sí. Medida de la profundidad de la vida espiritual de ustedes no son las muchas actividades, que exigen sus esfuerzos, sino más bien la capacidad de buscar a Dios en el corazón mismo de cada acontecimiento y de reconducir a Cristo toda cosa. Es el "recapitular" en Cristo todas las cosas del que habla san Pablo (Cfr. Ef. 1,10). Sólo en Cristo, Señor de la historia, toda la historia y todas las historias encuentran sentido y unidad.

 

Y en ocasión de la Congreso Mundial de IS  Joao Braz Cardinale DE AVIZ - Prefetto della CIVCSVA nos decía:

 

 Se trata de aquel Sentire cum Ecclesia al cual la Exhortación  Apostólica  Vita Consecrata” ha dedicado el Nª 46 del cual vuelvo a leer con ustedes estas palabras: “Una gran tarea está confiada a la Vida consagrada también a la luz de  la doctrina de la Iglesia-comunión, que con tanto vigor fue propuesta por el Concilio Vaticano. IIº

 

 A las personas consagradas se le pide que sean, de veras, expertas en Comunión y en practicar la espiritualidad de comunión, como testigos y artífices de Aquel “Proyecto de Comunión” que está al vértice de la historia del hombre según Dios”. El sentido de la comunión eclesial, desarrollándose como espiritualidad de Comunión,  promueve una manera de pensar, hablar, y actuar que hace crecer a la Iglesia en profundidad  y extensión.  

 

La vida de comunión  “se vuelve entonces un signo para el mundo y una fuerza atractiva que conduce a creer en Cristo [...] De tal manera la comunión  se abre a la misión, se hace ella misma misión, más bien: “la comunión genera comunión y se configura esencialmente como comunión misionera.”

 

 

Como lo resalta nuestra constitución:

 

Art.  47 - La M. D. fiel a la característica secular del Instituto, no solo custodia  la forma externa, sino que vive con mentalidad secular, mediante la cual se siente en su verdadero puesto en el mundo y entre los hermanos. Mentalidad secular no quiere decir del mundo, sino aquella mentalidad evangélica que considera las realidades terrenas dentro del plan salvífico de Dios.   

 

Y como nos enseñaba el P. Giorgio:

“Mentalidad secular, tanto en relación a nuestra propia personalidad, como en relación a los demás.

1.- En relación a la propia formación personal señalo aquí las tres  cualidades básicas: MADUREZ; DISPONIBILIDAD; RECOGIMIENTO DEL CORAZÔN

Madurez. Significa ser, (Mejor, formarse siempre más) “mujer”, “adulta” desarrollando todas las riquezas de la mente, de la intuición, de la entrega, que le son propias; una capacidad de responsabilidad personal, de justa autonomía y autogobierno, también en la vida espiritual, siguiendo firmemente la voz de una conciencia recta, un buen sentido práctico, equilibrio y juicio; no solamente sentimiento e impresión o impulsividad, sino usar la cabeza y, más que todo vivir de fe. Una dosis de coraje y de fortaleza, no separada del sentido de los propios límites y de una auténtica humildad que nos impide el creernos infalibles.

 

Disponibilidad . Que, partiendo de un generoso olvido de sí mima y de fuerte abnegación, nos lleva a la entrega de nosotros mismos, al sentirnos en servicio permanente. Siempre en el orden, en la calma, en la justa jerarquía de las obras y valores y, colocando en el primer lugar los deberes hacia Dios y los de la propia situación  personal; en una verdadera libertad de espíritu, sin quedar atados al lugar, o a las personas, listas para buscar  y seguir la voz de Dios, de cualquier manera que se manifestase.

Recogimiento del corazón.  Para quien vive en el mundo y en la acción, sin  ayuda exterior del ambiente y del horario, es indispensable  que nos formemos “La celda interior”,  que conservemos un  “silencio del corazón”  que solamente nos hace capaces de vivir “en una religiosa escucha de la palabra de Dios”, y de descubrir a Jesús en los hermanos y en los acontecimientos, y de pasar con menor dificultad desde el trabajo-oración a la oración pura.  Sin ese esfuerzo no se puede ser receptivo a la voz del Espíritu Santo y la consagración se reduce a algo formal y superficial.

 

2.- En relación a los demás la mentalidad secular exige un corazón grande y una mentalidad abierta, evitando los peligros del aislamiento, de la mezquindad, del formalismo  Y, más que todo,  tenemos que cultivar la bondad para amar, servir,  donar.   Mentalidad que nos hace sentir cómodos y deja cómodos a los demás, en cualquier ambiente que podamos encontramos, especialmente con los pobres, y los más humildes. .

Por eso, resultan  particularmente preciosas esa virtudes humanas que forman el puente hacia los demás para para comunicar, dialogar. He aquí algunas indicaciones: La mentalidad abierta, la transparencia y sinceridad, la delicadeza y el buen trato, que nos lleva a evitar todo lo que le puede disgustar a los demás; la amabilidad y la alegría que hacen que la bondad resulte simpática; el ser agradecida, que indica a un buen corazón; la lealtad  y la justicia que nos hace huir de toda falsedad o hipocresía; la buena educación, que es fruto exquisito de la Caridad; No se trata de cambiar mi personalidad, (la aceptación humilde y serena de sí y de los propios límites quiere decir aceptar la voluntad de Dios que nos ama así como somos ), pero tratando de mejorar siempre. Y ese continuo esfuerzo para mejorar constituye una de las penitencias más meritorias frente al Señor.”· Don Giorgio.

 

Caminar todas juntas con Dios que está en medio de su pueblo

Las Misioneras Diocesanas de Jesús Sacerdote estamos llamadas a servir a la transformación del mundo de acuerdo al plan de Dios

En “camino”, en peregrinación junto a cada persona que encontramos, y con ellas construyendo “juntas”.  Instrumentos de relaciones nuevas en un mundo interdependiente y globalizado, permitiendo experimentar a cada uno que son amados por Dios, porque son valorados y amados. 

 

Caminar con toda la humanidad hacia formas y niveles más elevados de convivencia humana. Caminar todos juntos con Dios que está en medio de su pueblo.

 

Cristo en su Iglesia, en nosotros, sigue orando por la unidad de la Iglesia y del mundo.

Las MDJS  estamos llamadas a identificarnos con esta aspiración, deseo y oración eficaz de Cristo, viviendo la caridad, la única, la que edifica la unidad que Cristo ha querido. 

 

Por ello, nos unimos a la comunidad eclesial en la misión de servir a la unidad de la Iglesia, como signo e instrumento de la unidad del mundo. Y así contemplar la comunión Trinitaria en sí misma y como razón de la vida cristiana y de la Iglesia y como fundamento del dar la vida para que “acontezca” en la historia y Cristo sea “luz de las gentes”.

 

 

 
Art.48-  La M. D., vive, por tanto, sus compromisos temporales con competencia profesional; puede realizar cualquier actividad y compartir cualquier condición de vida civil, viendo en ellas un medio para crecer en la fe y en el compromiso de consagración, testimoniando, así, la presencia y el amor de Dios en medio de los hermanos.  
Precisamente, a través de su participación en el Sacerdocio de Cristo, la M. D. actúa en las realidades profanas de tal manera que las lleva al orden querido por Dios.

 

Sean disponibles a construir, en unión con todos los buscadores de la verdad, proyectos de bien común, sin soluciones preconcebidas y sin miedo a las preguntas que quedan sin respuestas, y siempre prestos a poner en riesgo la propia vida, con la certeza que el grano de trigo, que cae en tierra, da mucho fruto (Cfr. Jn. 12,24).

Sean creativos, porque el Espíritu construye novedad; alimenten miradas capaces de futuro y raíces sólidas en Cristo Señor, para poder comunicar también a nuestro tiempo, la experiencia de amor que está en la base de la vida de todo hombre. Estrechen caritativamente las heridas del mundo y de la Iglesia. Por encima de todo, vivan una vida dichosa y plena, acogedora y capaz de perdón, por estar fundada en Cristo Jesús, Palabra definitiva del Amor de Dios por el hombre.” Mensaje del Papa a la CMIS

 

 

Art.49-  En los compromisos temporales y en las actividades apostólicas, la M. D. se presenta ante los hermanos con carácter secular y, por tanto, con responsabilidad personal, sin comprometer directamente al Instituto, tratando de vivificar y santificar todo "desde dentro" del mismo mundo.

Nos decía Don Giorgio:

“nosotras estamos llamadas a cooperar en la reconsagración del mundo, es decir a “Recapitular en Cristo todas las cosas” Es un compromiso que tiene que ser meditado profundamente porque es uno de las razones principales de nuestra consagración en el mundo.

         I.            ¿Por qué tenemos que consagrar el mundo?

El fundamento de la re-consagración del mundo está fundado en las palabras de San Pablo: “Todo es vuestro, ustedes son de Cristo- Cristo es de Dios”

1) Tenemos que consagrar el mundo porque todo es de Dios; por eso la consagración del mundo es obra de justicia

Consecuencia: Nada es profano, si todo es de Dios; todo puede servir al bien (canción- TV- cuerpo...) Nada lleva directamente al mal.

2)-Nosotros le pertenecemos a Cristo. Si todos somos llamados a llevar el mundo a Cristo, tanto más una misionera laica. En efecto, ¿Por qué Cristo vino a la tierra? Lo dice el martirologio: “Queriendo con su venida, consagrar el mundo, nació….” 

Cristo consagró el mundo de  estas maneras:

a)       Todo el universo, de alguna manera, participó en la formación del Cuerpo de Cristo; por eso Cristo elevó todo el mundo.

b)       Porque Cristo vino y se quedó en este mundo; trabajó como nosotros, pisó la tierra que pisamos nosotros….

c)       Consagró el mundo con su Palabra.

d)       Consagró el mundo con los Sacramentos que son el momento culminante de la consagración

3) Nosotros somos la prolongación de Cristo, debemos, por lo tanto continuar haciendo lo que El hizo

Hay en la Iglesia una parte de consagración que le corresponde a la Jerarquía, pero hay también una gran parte del mundo que tiene que ser consagrada por nosotros. Y nosotros tenemos el derecho y el deber de obrar esa consagración porque  somos Iglesia. No somos parte pasiva, y, como Ia Iglesia jerárquica tiene que consagrar algunas cosas, también nosotros tenemos que consagrar algunas otras: Por ej. . El trabajo, la actividad sindical, la política, las diversiones, la moda…

4) Nuestro lugar en la Iglesia es el mismo que tenemos en la vida: Oficina, escuela, casa, fábrica, campo…En nuestro ambiente tenemos que llevar la voz de la Iglesia, la luz de la iglesia

 Donde yo estoy, ahí está la Iglesia. Estar en el mundo, no significa solamente vivir en el mundo, sino de tratar de reconsagrarlo. En un mundo impuro, yo no tengo solamente que ser pura, sino que tengo que llevar  pureza alrededor mío. No tenemos que huir del mundo, sino quedar en el  mundo para reconsagrarlo.

5) Nuestra vocación es de “Consagradas en el mundo” Sería más cómodo vivir en un convento. Estamos en el mundo como luz, como levadura sagrada, para reconsagrar los valores humanos: La belleza, la alegría, el trabajo, la casa, la amistad, la moda… somos personas sagradas: todo lo que tocamos, todo a lo que nos acercamos, se transforma en algo sagrado.

En el ambiente en que vivimos,  a las personas que tratamos tenemos que darle algo que los eleve, algo sagrado y divino. ¡Cuánta apertura de mente, cuanto esplendor de testimonio, cuánta riqueza de interioridad, de unión con Dios se necesita para irradiar adonde quiera lo divino, la gracia, la alegría

        II.             ¿Qué hay que consagrar?

a) Tu cuerpo, porque es la parte del mundo que más te pertenece. ¿Qué significa? Tienes que considerar tu cuerpo como templo de Dios. Tu cuerpo no sea de tropiezo, sino de ayuda que te eleva hacia Dios.  Profana su cuerpo el que lo venera demasiado, condena el alma, lo profana con la pereza, la impuridad, la falta de dignidad y de delicadeza. Sé pura, modesta, delicada. Tu cuerpo es doblemente sagrado  porque eres miembro de Cristo y por el voto que lo volvió una hostia inmolada como Jesús Victima.

b) Tu tiempo Porque  es lo que, después del cuerpo, te pertenece más directamente. Se consagra el tiempo, no perdiendo tiempo.  Se aprovecha el tiempo viviéndolo en gracia, porque todo el tiempo  vivido en gracia vine computado para la vida eterna…el tiempo pasado en estado de pecado mortal es tiempo profanado.

c) Tu ambiente de trabajo.  Es importante.  Si en tu ambiente de trabajo se respira aire material, tú tienes que llevar aire espiritual…tienes que hablar, por lo menos con el ejemplo de vida, del Reino de los cielos.  Si hay codicia, lleva desapego, si hay egoísmo lleva caridad, si hay barro, llevas luz, si hay impureza lleva pureza.

d) La vida social. Intégrate a la vida social para llevar la voz de la Iglesia.

e) Tu casa, los grupos a los cuales estas perteneciendo.  Tienes que formarlos  como “Cenáculos”, que produzcan almas generosas que deseen consagrar el mundo, ardiendo de amor hacia Dios y los hermanos

f) Tu trabajo. Trabaja en unión con Cristo, por Dios, con Dios. Tanto más  en nuestros días en que el trabajo volvió a ser confirmado como verdadera oración, servicio, amor y por tanto apostolado.

g) Tu Apostolado o Evangelización.  Pon a Dios en tu misión y saca todo lo demás. No hagas nada  para ti mismo, sino hacelo todo para Dios, de manera que tu apostolado sea el Suyo.

Tu alma, desde el Bautismo y después por la Confirmación  y la Eucaristía, ha sido consagrada. Un nuevo sello de consagración ha sido imprimido por los Santos Votos de tu vocación.  Ahora le perteneces totalmente a Dios, solamente a Él, y para siempre, como “Esposa de Cristo”.  Por eso  todo lo que haces se vuelve sagrado,  de alguna manera es un acto de Religión, un culto de alabanza a Dios.  Entonces: Que no quede nada material, profano o indecoroso; nada de búsqueda de ti misma.

Tu grito de toda mañana, sea un grito de victoria y de alegría, pero también un compromiso, sea este: ..¡¡Soy  Consagrada,   soy Misionera, le pertenezco a Cristo, voy a ser portadora de Cristo a todos, en todo lugar, siempre!!!

 

Art. 50 - La M. D., en cuanto secular consagrada, está en el mundo y al servicio del mundo, pero no es del mundo; es pues, consciente de que deberá realizar renuncias y experimentar limitaciones y que irá contra cualquier corriente de mundanización.
Pero esto deberá vivirse como exigencia del mismo Evangelio, del espíritu de las Bienaventuranzas, mediante una vida comprometida integralmente a caminar con Cristo hacia el Padre.
Sólo de esta forma será fermento, sal y luz del mundo, y su consagración no será debilitada y no correrá riesgos

 

Del decreto APOSTOLICAM ACTUOSITATEM  sobre el apostolado de los laicos

“5. La obra de la redención de Cristo, que de suyo tiende a salvar a los hombres, comprende también la restauración incluso de todo el orden temporal. Por tanto, la misión de la Iglesia no es sólo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino también el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico. Por consiguiente, los laicos, siguiendo esta misión, ejercitan su apostolado tanto en el mundo como en la Iglesia, lo mismo en el orden espiritual que en el temporal: órdenes que, por más que sean distintos, se compenetran de tal forma en el único designio de Dios, que el mismo Dios tiende a reasumir, en Cristo, todo el mundo en la nueva creación, incoativamente en la tierra, plenamente en el último día. El laico, que es a un tiempo fiel y ciudadano, debe comportarse siempre en ambos órdenes con una conciencia cristiana."

 

Llamadas a continuar la encarnación:

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). Él es el verdadero camino hacia el Padre, quien tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna (cf. Jn3,16) Esta es la vida eterna: “Que te conozcan a ti el único Dios verdadero

 

La vida que Jesús anuncia (y que nosotras como consagradas seculares debemos continuar anunciando) es respuesta a males que actualmente aquejan a la persona y a la sociedad de hoy, así:

 

Ante una vida sin sentido
Jesús nos revela la vida íntima de Dios en su misterio más elevado, la comunión trinitaria. Es tal el amor de Dios, que hace del hombre , peregrino en este mundo, su morada: “Vendremos a él y viviremos en él” Un 14,23)
DA109
Ante la desesperanza de un mundo sin Dios, que sólo ve en la muerte el término definitivo de la existencia
Jesús nos ofrece la resurrección y la vida eterna en la que Dios será todo en todos (cf. 1Co 15,28) (DA109)
Ante la idolatría de los bienes terrenales
Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo si pierde su vida?” (Mc 8,36) (DA 109)
Ante el subjetivismo hedonista
Jesús propone entregar la vida para ganarla, porque “quien aprecie su vida terrena, la perderá” (Jn 12, 25). Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como sal de la tierra y luz del mundo (DA 110)
Ante el individualismo
Jesús convoca a vivir y caminar juntos. La vida cristiano sólo se profundiza y se desarrolla en la comunión fraterna. Jesús nos dice “uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos”(Mt 23, 8). (DA110)
Ante la despersonalización
Jesús ayuda a construir identidades integradas (DA110)
Ante la exclusión
Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano (DA 112)
Ante las estructuras de muerte
Jesús hace presente la vida plena. “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10,10). Por ello, sana a los enfermos, expulsa los demonios y compromete a los discípulos en la promoción de la dignidad humana y de relaciones sociales fundadas en la justicia (DA112)
Ante la naturaleza amenazada
Jesús, que conocía el cuidado del Padre por las criaturas que Él alimenta y embellece (cf. Lc 12, 28), nos convoca a cuidad la tierra para que brinde abrigo y sustento a todos los hombres (cfr. Jn 1, 29; 2, 15). (DA113)

 

Verdaderamente para que en nosotros comunidad Instituto sea vida lo que reflexionábamos:  Entonces, la vida de comunión “se vuelve signo para el mundo y una fuerza atractiva que conduce a creer en Cristo… De tal manera la comunión  se abre a la misión, se vuelve ella misma  misión, de tal manera, la comunión genera comunión y se configura esencialmente como comunión  misionera”,  es cada vez más necesario continuar creciendo en este camino que estamos recorriendo juntas, de diálogo y madurez:

 

 

 

 

B)      Un recorrido de crecimiento en los miembros de Instituto de

 

Dialogo y madurez,  segunda parte

 

Continuamos con textos de Spiritualità di comunione. De Juan Bautista Cappellaro

En nuestra reflexión anterior hemos trabajado : Dialogo e maturità,  primera parte

Hemos visto:

1. Madurez de la persona

2. Madurez de la comunidad

3. Dialogo y madurez

Ahora iniciamos la segunda parte de diálogo y madurez:

 

Tensiones y madurez de un grupo

 

Las tensiones en un grupo constituyen un hecho intrínseco al dinamismo dialéctico propio de toda relación de diálogo: identidad-diversidad; plenitud- pobreza; consenso-lucha.   Un grupo que no tuviera tensiones resultaría un grupo muerto o agonizante, la gente ya se habría resignado a dejar de participar para evitar conflictos, y entonces no habría “Grupo”, aun cuando estuvieran juntos. Sería entonces un grupo de autómatas. Si se quisiera justificar el hecho de no tener tensiones, a partir del Evangelio, como a veces acontece,  se negaría con esto la naturaleza misma de las relaciones y por tanto la posibilidad de amarse. Tal actitud constituye una forma de espiritualismo alienante, que da lugar a dominados pero no personas. Por el contrario, si Jesús ha centrado el Evangelio en el amor recíproco, es precisamente en las relaciones que las personas son puestas en problema: la necesidad del amor recíproco lleva a las tensiones, inevitables, de la relación dialogal

 

Pero es necesario distingir las tensiones positivas, que edifican al grupo, de aquellas negativas que lo cierran.

Tensiones positivas sono aquellas oposiciones y aquella confrontación de ideas a través de las cuales se produce el crecimiento del grupo.

Tensiones negativas son aquellas que indican un estado de insatisfacción latente, vivido-experimentado por los miembros del grupo como algo penoso, aún antes de ser definido claramente, y que cierra al grupo en su crecimiento hacia el objetivo, o que explota en una crisis negativa.

 

 

Las tensiones negativas pueden ser de varios tipos:

a) Tensiones debidas a la ansiedad con que el grupo vive su presente. El sentido de inseguridad que está detrás de estas tensiones se puede manifestar como:

- inhibiciónes;

- silencio pesando;

- tendencia a huir del problema.

 

b) Tensines debidas al conflicto, latente o abierto, entre los miembros del grupo:

- en la lucha por el poder;

- en la oposición subyacente en el grupo

 

c)       Tensiones debidas la la opsición oculta (tacita) al lider del grupo, o porque se lo considera demasiado autoritario, o porque por el contrario, se lo ve demasiado permisivo.

 

d) Tensiones debidas a la insatisfacción o frustraciones reprimidas que se expresan en el descontento o irritación latentes.

 

Como se descargan las tensiones

 

     Las tensiones se pueden descargar a través de soluciones momentaneas o falsas:

- carcajada general (descarga de sentimientos y emotividad);

- adhesión de todos a una solución de escape (fuga) (soluciones a la impotencia frente a las tensiones);

- búsqueda de un “chivo expiatorio” (justificaciones de sí mismo para evitar la propia responsabilidad y el sentirse en su lugar);

- explosiones de cólera imprevista a causa de un punto secundario (explosienes de agresividad reprimida y de la incapacidad de afrontar el verdaderto problema)

 

La verdadera solución

 

La verdadera solución a las tensiones va, por el contrario, en la dirección de la toma de conciencia de la causa.

 

Estas pueden ser:

 

a) Causas en el interior del grupo: oposiciones debidas a la diversidad de los caracteres, de la formación, de las motivaciones, impresiciones o no claridad en los objetivos; organización informal de la estructura y, por tanto, roles no claros y acaparamiento por parte de alguien de las responsabilidades (monopolio de las responsabilidades).

b) Causas externas al grupo: pueden ser múltiples y tales que no permiten una clasificacióno.

 

Identificada con claridad la causa de las tensiones debe definir un método para afrontarla. La casuística puede ser infinita por lo que no se puede sugerir un método determinado. Pero, ciertamente, en cada crisis gestionada y resuelta positivamente, maduran las personas y el grupo.