11 may 2015

Jesús oró por sus discípulos. (Séptimo Domingo de Resurrección - Año B)

Estoy orando por ti



Objeto: Use sus propias manos y un cuadro de manos en posición de oración.

Escrita: "Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos" (Juan 17:9-NVI).

¿Qué viene a tu mente cuando vez alguien con sus manos así? (en posición de oración). ¿O qué tal cuando vez un cuadro como este? (Dele tiempo para que contesten). Así es, inmediatamente piensas en la oración, ¿no es así? ¿Con cuanta frecuencia crees que debemos orar? ¿Una vez al día? ¿Antes de comer? ¿Antes de acostarnos? ¿Por qué cosas debemos orar?

La Biblia no nos dice exactamente cuando orar, pero nos enseña cómo orar. Un día, los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar. Estoy seguro de que sabes lo que les dijo. De hecho, probablemente todos lo podemos decir de memoria: "Padre nuestro, que estás en el cielo....(continúe hasta el final de la oración).

Acostumbramos a llamar a esa oración "El Padre Nuestro", pero realmente es una oración modelo enseñada por Jesús para que aprendamos cómo orar al Padre. Prefiero pensar que la verdadera oración del "Padre Nuestro" es la oración que Jesús hizo la noche antes de ser crucificado. Jesús sabía que regresaría al cielo y que sus discípulos se quedarían en la tierra. Él oró que ellos al vivir en el mundo, no llegaran a ser parte del mundo. Él no deseaba que ellos se mancharan con la maldad, con cosas malas que ocurren y hay en el mundo, Él deseaba que se mantuvieran fieles a Dios y a lo que hubiesen aprendido mientras él, Jesús, estuvo con ellos en la tierra. Deseaba que supieran de su amor y que compartiesen ese amor con otros.

He aquí alguna de las cosas por las cuales Jesús oró por sus discípulos:

* Que pudiesen ser uno como él y su Padre eran uno.
* Que Dios los protegiera del maligno
* Que ellos pudieran ser santos por la verdad de la Palabra de Dios
La oración que Jesús hizo por sus discípulos es también por nosotros. Él dijo: "Mi oración no es solo por ellos. Oro también por aquellos que creerán en mí a través del mensaje de éstos". ¡Esos somos tú y yo! Debemos vivir en este mundo, y Jesús ora para que podamos mantenernos fiel a sus enseñanzas y así el mundo sepa que Dios envió a su Hijo y que Dios les ama.
Padre nuestro, mientras vivimos en este mundo, ayúdanos a mantenernos separados del mundo. Ayúdanos a ser fieles a tu Palabra y, al así hacerlo, demostrar tu amor al mundo. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

actividades interactivas


MONITORÍA MUNDIAL: Deje que los niños observen un globo terráqueo (puede ser un mapa mundial). Dígales que les nombrará un lugar y ellos (en forma individual o grupal) tendrán que buscar dónde está localizado en el globo o mapa. Indíqueles que hay cristianos alrededor del mundo y lo importante que es estar en el mundo pero no ser de él. Tenga disponibles etiquetas engomadas pequeñas para indicar los países nombrados por la maestra. (Si usa un mapa, puede ponerle un papel transparente para que la etiqueta no se peque al mapa y pueda ser usado en otra clase más adelante.)
QUE ELLOS SEAN UNO: Dele a cada niño una número 1 grande para colorear y decorar y que escriban QUE ELLOS SEAN UNO. Este número deberá ser recortado de un cartón y cortado en la parte inferior para que otro pedazo de cartón ayude en mantener el NÚMERO UNO erecto.
BÚSQUEDA MUNDIAL: La maestra puede esconder pedazos de papel con palabras de la lección que resuman de la historia de hoy. (También puede ser la oración que se encuentra al final de la lección.) Los niños buscarán los papeles y trabajarán para poner la oración o el resumen de la lección en orden y pegarla en un papel de construcción o en una cartulina. Luego la leerán juntos.
EL PADRE NUESTRO PARA NOSOTROS: Dele algunas palabras y frases de la oración que Cristo oró con sus discípulos a los niños. Ellas deben estar escritas en tiras de papel de construcción de varios colores. (Las frases pueden ser: PROTÉGENOS DEL MAL; QUE SEAN UNO; EN EL MUNDO PERO NO DEL MUNDO; SANTIFÍCALOS EN TU VERDAD; TU PALABRA ES VERDAD; ENVÍALOS AL MUNDO.) En la parte superior de una cartulina escriba JESÚS ORA POR SUS DISCÍPULOS. Permítale a los niños pegar sus pedazos de papel de construcción en la cartulina y colgar la misma en la pared para recordarnos de la oración de Jesús.
NOMBRES “EN EL MUNDO”: Deje que los niños vayan a la pizarra, alrededor del salón o a la mesa donde encontrarán papeles. En ellos tendrán que hacer un círculo el cual pueden diseñarlo como nuestro planeta. NO tiene que tener los continentes como los conocemos, sino demostrar la idea del planeta. Lo deberán colorear levemente, de forma tal que puedan añadir algo que ellos desearían que ocurriera en el mundo y pueda leerse. Luego escribirán sus nombres en el círculo.
AFICHE DE MUNDO Y CRUCES: Permítale a los niños (o la maestra lo hará antes de que comience la clase) un círculo grande representando al mundo en una cartulina. Colorearán el mundo dependiendo del tiempo que tenga y les dará una cruz hecha en papel para que los niños escriban sus nombres y lo peguen en el afiche. Infórmele a los niños que hay niños y adultos alrededor del mundo que están en en mundo pero que no son parte del mundo.
MARCADORES DE LIBROS: Dele a los niños materiales para recortar un marcador de libros en el cual escribirán ESTARÉ EN EL MUNDO PERO NO SOY DEL MUNDO. Le dibujarán una Biblia, cruces, corazones, un globo terráqueo al marcador. Si desea puede darle una cinta para pegarle en el borde del marcador.
MARCHA MUNDIAL: Deje que los niños marchen alrededor del área que la maestra haya designado como el mundo. Si puede tener letreros con nombres y fotos de diversos lugares del mundo, mucho mejor. La maestra y los niños pueden ir visitando los diferentes lugares en los cuales se les recordará que hay personas en dichos países o ciudades que viven en el mundo que pero que no son parte del mundo. Tal vez puedan recordar personas cristianas (familiares quizás) que vivan en dichos sitios. Compartan historias de esas personas estando sentados en un círculo frente al letrero.
MUNDO HECHO DE CÁSCARAS DE HUEVO: Pueden usar tintes para colorear cáscaras de huevo antes de la clase. Las cáscaras tienen que estar secas, así que este es un proyecto que tiene que comenzarse en la semana. Deje que los niños hagan un círculo en un pedazo de cartulina. Le pondrán como título EN EL MUNDO PERO NO DEL MUNDO. Luego pegarán los pedazos de cáscaras de huevos para hacer el diseño del mundo.
MERIENDA: Tenga varias clases de meriendas para los niños hoy. Pueden ser diferentes galletitas, dulces, M&M, maní, pasas, etc. y deberán ponerla en una bolsita de zip-lock. Indíquele a los niños que ellos están separados del mundo, así como las diferentes cositas que haya puesto en la bolsa lo están, pero que viven en el mundo así como todas ellas están en la bolsa.

6 may 2015

Hemos de amar a otros como Jesús nos ama (6to Domingo de Pascua)


Como les he amado

Objetos: Algunas paletas, caramelos con palito o dulces que vengan en una variedad de sabores.

Escritura: "Y éste es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado" (Juan 15:12 NVI).

En esta mañana tengo una bolsa con paletas. Como ven, vienen en una variedad de sabores. Hay de limón, fresa, uva, melón, china y caramelo.

Una cosa que he notado es que cuando ofreces compartir paletas o dulces similares con los niños y les permites escoger el sabor que desean, los niños pueden muy específicos acerca del sabor que desean y escogen. Mi experiencia es que cuando hago esto, casi siempre me sobran muchas paletas de butterscotch o mantequilla (un dulce de azúcar y mantequilla) después que todos los demás sabores han sido escogidos.

No sé porqué los niños no escogen las paletas de butterscotch. Tal vez sea porque el sabor es muy distinto al de los demás. Quizás porque no le gusta el color del papel que cubre la paleta. No importa la razón, pero la verdad es que siempre termino con un sobrante paletas de butterscotch. ¿Deseas saber que hago con esas paletas? ¡Me las como yo! Verás, ¡a mí me encantan!

A veces trato a las personas de la misma manera que algunos niños tratan a las paletas. Cuando los niños juegan, algunos niños siempre son los últimos en ser escogidos. Tal vez sea porque son un poco diferentes. Quizás tengan algún impedimento físico o tal vez el color de su piel sea diferente. Cualquiera que sea la razón, los otros niños no los escogen.

¿Has sido alguna vez el niño o la niña que no es escogido? Uno no se siente bien, ¿verdad? Necesitamos recordar que Jesús ama a TODOS los niños y que dijo: "Ámense los unos a los otros, como yo los he amado". Si alguna vez eres la persona que dejan para escoger como último recurso, no te preocupes. Jesús te ama tanto como ama a los demás niños. Él nos ama a todos.

Amado Padre, ayúdanos a recordar que Jesús nos enseñó a amarnos los unos a los otros tal como Él enos amó. Oramos en el nombre de Jesús. Amén.
ACTIVIDADES INTERACTIVAS
RELEVO DE PALETAS O PILONES(DE COMER): Divida a los niños en grupos o equipos. Cada equipo tendrá un cubo vacío en el punto de partida y a cierta distancia habrá otra serie de cubos, el mismo número que equipos, con paletas o dulces de chupar. Utilice un cronómetro para determinar el tiempo que desea que dure el relevo. Al comenzar el cronómetro, un miembro de cada equipo correrá hacia el cubo lleno de paletas y cogerán una paleta y regresará corriendo al equipo. Pondrán en su cubo vacío la paleta cogida. Otro miembro de cada equipo hará lo mismo, y así sucesivamente. Cuando se termine el tiempo, los niños contarán las paletas o dulces que tengan en el cubo de su equipo. Dígale a los niños que cada dulce y paleta representa otros niños y niñas que necesitan conocer del amor de Dios.
HACIENDO BURBUJAS: Dele a cada niño una botella pequeña de jabón y permítales soplar cuantas burbujas deseen durante un tiempo específico. Indíqueles que hay muchos más niños y niñas, hombres y mujeres que necesitan saber del amor de Dios que todas las burbujas hechas por ellos.
CARRERA DE AMOR: Antes de que comience la clase, la maestra pondrá en varios lugares del salón pedazos de cinta adhesiva con la frase AMOR DE DIOS escrita en ellos. Cuando la maestra desee, indicará el tiempo que tienen para los niños para buscar las cinta adhesivas. Cuando las encuentren, las separarán de donde estén pegadas y las pegarán en una cartulina. Cuando se termine el tiempo, el juego terminará hayan o no terminado de conseguirlas todas.
CADENA DE PERSONAS: Dele a los niños pedazos de papel de construcción de varios colores de ½ pulgada por 3 ½ pulgadas aproximadamente, haciéndolos todos del mismo tamaño. Se les otorgará un tiempo definido para que hagan una cadena de papel de construcción. Explíquele a los niños que cada “eslabón” de la cadena representa una persona que necesita conocer el amor de Dios. Indíqueles que al igual que cada eslabón es de un color distintos, así como son las personas. Pero todos, no importa el color que tengamos, necesitamos conocer el amor de Dios.
FIGURAS DESPEGABLES: Para comenzar a hacer una cadena de muñecos de papel, corte un papel de construcción a los largo. Doble el papel de construcción por la mitad. Doble cada mitad por la mitad en forma de acordeón. Dibuje una figura básica de un muñeco en un doblez. Haga los brazos extendidos a los lados para que las manos queden al borde de los pliegues. Igualmente los pies deben quedar al borde de los pliegue. Recorte la figura manteniendo sin recortar las manos y pies para que al desplegar lo recortado, las figuras queden con las manos unidas unas a las otras y también los pies. Cuando las abra debe tener una cadena de 3 a 4 personas. Deje los niños peguen las ”personas” en la pared representando aquellos que necesitan saber del amor de Dios. Los niños pueden recortar más de un papel de construcción. (Puede buscar las instrucciones en el Internet bajo cadenas de figuras de papel.)
CORONA DE CORAZONES: Dele a cada niño un plato de papel para colorear suavemente. Pídale que escriba el versículo de hoy en la parte central del plato. Indíquele que debe pegarle corazones en colores en el borde.
BOLSAS DE ORACIONES DE AMOR: Dele a cada niño una bolsa de papel, de las que se utilizan para poner los alimentos como emparedados o frutas para la hora del almuerzo. Pídales que la decore con marcadores y etiquetas engomadas. Entregue suficientes corazones a cada niño para que escriban el nombre de sus compañeros y el nombre de la maestra. Pídales que pongan los corazones dentro de la bolsa. Anime a cada niño a coger un corazón de la bolsa diariamente y orar por esa persona pidiéndole que pueda tener una experiencia con el amor de Dios ese día.
TARJETA AMOROSA: Dele a cada niño un pedazo de papel grueso o cartulina para que lo doblen formando una tarjeta. Deberán escribir el versículo de hoy en la parte interior. Escribirán EL AMOR DE DIOS en la parte de afuera y la decorarán con brillo, etiquetas engomadas, corazones y/o cruces. Anime a los niños a presentar la tarjeta a la hora de la cena y dejarles saber a las personas que ellos aman a Dios.

La humanidad es una vid.



No somos seres aislados. La humanidad es una viña plantada para dar uvas dulces que por la pandemia del virus del pecado comenzó a enfermar por todas partes. Pero esta vid recibe la gracia del Padre, del injerto que Dios hace en la humanidad con Cristo Jesús. Ese proceso de injerto en Jesús produce una nueva humanidad que se va renovando permanentemente.
Somos una vid y siempre está la posibilidad del injerto que salva, el injerto en la cepa noble y santa que es Jesús: Yo soy la Vid, ustedes los sarmientos. El que el Padre injerta en mí y luego permanece en mí de corazón y Yo en él, lleva mucho fruto. Para que se produzca el injerto primero hay que producir una herida para unir ambas savias. Sólo desde ahí aparece la vida nueva.
Es bueno reconocer las heridas donde hace falta la presencia de este injerto en Cristo. Lo podemos reconocer en lo personal y en lo comunitario. Descubrir en cuáles heridas necesitamos este injerto de la presencia de Cristo. Estamos heridos de paternidad y maternidad, sentimos la orfandad. Tenemos una profunda herida de confianza, deteriorados por la fuerza de la corrupción.
Solamente cuando hay conciencia de esta herida profunda se abre la posibilidad de que la redención de Cristo obre en nosotros. San Pablo proclamaba la gloria de su debilidad en donde se mostraba el poder del Redentor. Así llegó a decir “feliz culpa que nos mereció este Redentor” que podría ser traducido en “feliz herida que nos mereció este injerto”.
Jesús integra lo diverso
La imagen que da de sí el mismo Jesús es una imagen que nos integra estrechísimamente. La Vid es una, en todo el mundo y en todas sus variedades, y Él es la vid entera santa y sana y de frutos selectos. Estar injertados en Él es participar de todo y poderlo todo “todo lo que pidan se les dará”. Estar desintegrados fuera de él es igual a no ser nada, “sin mí no pueden hacer nada”. El entra como parte individual en este mundo pero con la virtud escondida que llegará “a ser todo en todos”. Tiene esa fuerza de una Vid poderosa de “recapitular todas las cosas en sí como cabeza”.
En medio de nuestra fragilidad y pobreza el Señor nos asiste con su gracia y desde allí descubrimos que “todo lo puedo en aquel que me conforta”. Queremos reconocer estos lugares débiles para poder darle al Señor la posibilidad de que su savia viva penetre en nuestros lugares abiertos.
Después de Jesús no somos ya seres aislado. En Jesús pasamos a ser Viña-Iglesia, en ese entrecruzamiento lindo que tienen las viñas en las que no se sabe de qué tronco viene la rama que da el racimo más grande ya que todo es entrelazamiento común, fruto de la cepa y de cada injerto, del suelo, del agua y del sol, del trabajo del viñador y luego de los que elaboran el vino.
Sentirse así, Viña común trabajada por las manos del Padre, da paz en medio de un mundo que nos quiere consumidores aislados y números sin rostro de estadística funcionales al poder, es un gozo que se siente en la raíz, allí donde uno experimenta su identidad como pertenencia. “Somos suyos, a Él pertenecemos”.
Sentir que los golpes y los cortes de la vida no son hachazos violentos dados al azar sino podas en las manos buenas del Padre, que precisamente nos limpia allí donde damos fruto para que demos más. La tribulación bien vivida en nuestra vida nos forma el corazón. Sentir los golpes como podas hace vivir de otra manera las cruces y los sinsabores de tantas injusticias de este mundo. “Nada de lo bueno se pierde”. “El Señor escribe derecho con parras torcidas”. “No tengan miedo. El que permanece en mí, da mucho fruto”.
Si tenemos puesto el corazón en Dios, los acontecimientos, sobretodo los más dolorosos, con el tiempo descubrimos que son frutos maravillosos que Dios nos regala. Queremos pedirle con grandeza de alma al Señor dándole la bienvenida a su visita en tantos lugares heridos de nuestro corazón. Allí tenemos la posibilidad de que la savia de Cristo corra por nuestra sangre, haciéndonos uno con Él. “Permanezcan en mí” dice el Señor… y lo dice 7 veces, con insistencia.

Dar fruto
Por miedo, por desconocimiento, por no saber qué hacer con la propia herida, resistimos a lo nuevo que está por venir. De hecho el cuerpo cuando se hiere, rápidamente intenta cubrirlo para protegerlo. Queremos mantener las heridas en expectativa de la savia viva de Cristo. No es fácil administrar la serenidad, la calma, la confianza y la entrega mientras el corazón siente que sangra por dentro. El no resistir no es quedar a la intemperie y a la suerte de lo que venga, sino un permanecer sereno a la espera de la llegada de quien trae la vida nueva: en eso se juega la humildad y la confianza. Saber esperar con la lámpara encendida al Señor que viene.
La carne tiende a cubrirse y a autoreferenciarse intentando esconderse y acobacharse. Así reaccionan Adán y Eva ante la herida del pecado: es el miedo el que nos hace escondernos de nuestras propias fragilidades. Hasta que no administremos en paz y en serenidad nuestras heridas, por gracia de Dios, difícilmente se pueda dar este injerto de vida. Necesitamos presentarnos tal cual somos y como estamos para que el Señor obre con poder en nuestra fragilidad.
Creemos en un Dios todo poderoso que es capaz de hacer nuevas todas las cosas.

http://radiomaria.org.ar/programacion/en-jesus-sana-las-heridas/



30 abr 2015

¡PERMANECER UNIDOS A JESÚS!

 
DESAFÍO BÍBLICO

Proponer a los chicos que busquen una frase en la Biblia y que para el próximo domingo digan cuál es el libro, capítulo y versículo. Quien cumple el desafío ganará un aplauso o una golosina.


* Desafío de la semana anterior: “Yo soy el buen PastorJn. 10, 11


* Desafío propuesto para esta semana: “Yo soy la verdadera vidJn. 15, 1


RECURSO

Opción 1: Dramatización: “JUNTOS A LA PAR”


Opción 2: Explicar el Evangelio


Opción 1: Dramatización: “JUNTOS A LA PAR”

Materiales y Personajes

Un animador presentará la dinámica. Se necesitan  los siguientes elementos: pilas y una linterna / una lámpara y un velador / un pez y su pecera con agua / paletas de ping pong y una pelotita / Mouse y una pc / un exprimidor y una naranja / joystick con una Playstation / sumar otros elementos a elección, según la realidad de la comunidad…

Idea

Descubrir con los chicos la relación de “permanecer unidos” que hay entre algunos elementos y comparar con la relación de nosotros con Jesús.


DRAMATIZACIÓN

·       Necesitamos conseguir elementos que funcionen de a pares, o que tengan sentido estando unidos, por ejemplo:

-        pilas y una linterna
-        una lámpara y un velador
-        un pez y su pecera con agua
-        paletas de ping pong y una pelotita
-        Mouse y una pc
-        un exprimidor y una naranja
-        joystick con una PlayStation
-        sumar otros elementos a elección, según la realidad de la comunidad…

·       El catequista o animador irá presentando los elementos de a pares, y pedirá a los chicos que los observen con atención, con detenimiento.

·       Diálogo con los chicos:

¿Qué tienen en común todos estos elementos?
¿Qué pasa si separo a uno de los elementos de su par?

·       A partir de las respuestas llegar a la conclusión, con los chicos, (debe quedar muy claro) que hay elementos en la vida que se entienden unidos, se necesitan uno al otro, uno existe en función de otro o para otro y al contrario desunidos no tienen sentido, o su uso puede ser menor o nulo.


SUGERENCIAS PARA LA PREDICACIÓN


+ Diálogo con los chicos: ¿Qué presentaron hace un rato?
Escuchar las respuestas de los chicos y llegar a la conclusión que deben “permanecer unidos”

+ Jesús le dijo a sus discípulos mediante una comparación sobre la importancia de mantenerse conectados o unidos a Él. Por supuesto que Jesús no usó ninguno de los elementes mostrados recién porque no existían.
En lugar de ello, Jesús usó un ejemplo que pudiera ser entendido por sus discípulos. Usó el ejemplo de la vid. ¿Saben qué es una vid? Es una planta con muchas ramas. Las ramas llevan frutos en ellas. La vid lleva en sus ramas uvas.

+ ¿Han visto alguna rama que se haya quebrado de un árbol o una vid? ¿Qué pasa con ella? Se seca y se muere.
¿Una rama seca puede dar fruto?
No, no sirve más.

+ Jesús dijo: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”.

+ Jesús nos invita a permanecer unidos…  Con la ayuda de Jesús, con su Espíritu, que es su amor en nuestros corazones, podemos vivir y hacer nuestras vidas muy alegres y serviciales.

+ Jesús espera que demos mucho fruto. Que procuremos ser buenos frutos: bondadosos, alegres, generosos, pacíficos, y fieles.

+ En definitiva Jesús quiere y desea que amemos a otros como Él nos ha amado.

+ Rezar con los chicos: Alma de Cristo


Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh, Buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti,
para que con tus Santos te alabe,
por los siglos de los siglos. Amén.

  

El es muy groso - Nuestra Señora del Cielo



https://youtu.be/R3T4yu6e3vo

29 abr 2015

LA VID Y LOS SARMIENTOS


Estas mismas ideas las expresa Juan en términos parecidos, aunque utilizando más su estilo poético y alegórico. Hoy podemos saborear una espléndida alegoría, vitalista y sugestiva: la de la vid y los sarmientos.
No dice Jesús: Yo soy un cedro, yo soy un ciprés, yo soy un roble. Dice: «Yo soy la vid y ustedes los sarmientos». Algo más humilde y más íntimo. La alegoría nos habla de unión permanente, de poda constante, de frutos abundantes. Y nos habla de un Padre que es el dueño de la viña, el esmerado agricultor. Dios es un conocido agricultor.
Unión permanente:
El sarmiento tiene que estar constantemente unido a la vid, si no quiere secarse. Y un sarmiento seco, ya se sabe, no sirve para nada, absolutamente para nada; como las zarzas o los cardos. Sin mí, serán cardos y zarzas. Sin mí, no serán nada.
Estar unido a la vid es recibir su savia y su vida. Estar unido a Cristo es vivir en comunión con él, es dejarse alentar por él; que su Espíritu me inspire y me vivifique. Se realiza, naturalmente, a través de la escucha, la oración, la colaboración, los compromisos, el amor. La savia es como la sangre del cuerpo; todos los miembros concorpóreos y consanguíneos.
Pero Jesús insiste mucho en la necesidad de permanencia. Sólo en los ocho versículos de este evangelio aparece siete veces la palabra permanecer. Si seguimos leyendo toda la alegoría, la encontraremos cuatro veces más. Se insiste en el «permanezcan en mí», en que «mis palabras permanezcan en ustedes», en «permanezcan en mi amor», en «un fruto que permanezca». No quiere el Señor encuentros esporádicos, sino una vida enteramente inspirada por él. «Permanezcan»: que no nos separemos de su órbita, que nuestros ojos y nuestros corazones estén siempre levantados hacia él. Que nos revistamos de Cristo, pero no con un vestido de quita y pon, sino un vestido entrañable. Todo lo que hagamos sea en él y para él. «Permanezcan en mi amor», sintiéndonos siempre amados por él y amándole nosotros a él. «Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor» (Rm 14, 8). Cristo es la vida de nuestra vida.
«Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos» (2 Cor. 5, 15).
Unión con las demás sarmientos:
Es una deducción lógica: si todos los sarmientos tienen que estar unidos a la vid, necesariamente estarán unidos entre ellos. Si corre por ellos la misma savia, no puede haber distancias y diferencias, mucho menos incomprensiones, desconocimientos y rivalidades. Si Cristo está en todos los sarmientos, la unión con Cristo significa estar unidos a todas sus ramificaciones y prolongaciones. Cristo se prolonga en todos los hermanos. No se puede conocer y amar a un Cristo y desconocer o desamar al otro Cristo. Amor en vertical y horizontal: es un mismo amor.
Poda constante:
La poda no siempre es fácil de entender. Nos da pena y nos cuesta el hacha o tomar las tijeras y empezar a cortar sin contemplaciones. Pobres ramas, pobres sarmientos, con sus muñones sangrantes, desnudos, sin ningún tipo de concesiones. Nos cuesta el corte y el desapego. Nos parece que no podremos vivir sin nuestro hermoso follaje y hojarasca, y nuestros caprichosos entretenimientos. Así, vamos acumulando cosas y dispersándonos en múltiples diversiones.
Pero se necesita la poda. Es un corte purificador y liberador. Al quitarnos el follaje y las peligrosas desviaciones, la savia puede concentrarse y conseguir el fruto deseado. Este y no otro es el objetivo del sarmiento y de la savia. Si perdonáramos al sarmiento este corte doloroso, la savia se disiparía entre tanta hoja innecesaria y el fruto sería raquítico o nulo. Para nuestros ambientes consumistas, la poda se hace totalmente necesaria y urgente. Estamos excesivamente recargados y dispersos. No hay que descuidarse. Más austeridad y más sobriedad: para cada uno, para las instituciones, para toda la Iglesia. Para crecer hay que cortar. Sea la renuncia, sea la enfermedad, sea el fracaso, sea el cambio. La tijera liberadora siempre en la mano, podador.
Frutos abundantes:
A otros árboles bastaría con pedirles un poco de sombra o de madera. A ciertas plantas les pedimos las flores. Pero a la vid sólo le pedimos sus frutos. Y frutos abundantes y sazonados. No queremos el vinagre y la «mala uva».
Los frutos que Dios quiere son el derecho, la justicia, el respeto, la compasión, el servicio. Los frutos que Dios quiere son todos los del Espíritu, los frutos de la verdad y del amor. En la segunda lectura, San Juan nos explica cómo han de ser esos frutos de amor, «no de palabra ni de boca, sino con obras y según verdad».
Así podremos ofrecer en la mesa del Señor, y en todas las mesas de la vida, el fruto exquisito de nuestra vid, el «vino bueno» de nuestro amor.
(Aporte de CARITAS. UN AMOR ASI DE GRANDE.
CUARESMA Y PASCUA 1991.Pág. 220 ss.)
Para la reflexión personal y grupal:
Cualquier árbol frutal es buena imagen para dar a entender lo que se dice en el evangelio de hoy. Hay veces en que el árbol se seca por falta de riego; otras veces es una rama seca la que no da fruto. Todos tenemos una parcela en la vida que debemos cultivar, como lo hace un buen labrador paciente. Las ramas que no sirven se echan al fuego, y las que sirven se podan para que den más fruto.
Jesús es como la savia. Así es su palabra, su sangre, su cuerpo. El cristiano debe estar unido a Cristo y a todos los hermanos. Jesús, Primogénito de la nueva humanidad y Señor de la comunidad de creyentes, se dirige a la casa del Padre -a través de un nuevo Éxodo y una nueva Pascua- para preparar una morada a sus discípulos.
El verdadero dinamismo cristiano se muestra en la "permanencia" del creyente con Jesús, o de la palabra de Jesús en el discípulo. Ser discípulo es dar gloria al Padre y ofrecer frutos en el mundo.
¿Cómo se alimenta mi vida? ¿Cómo, de dónde, con qué medios… recibo la savia que necesito para ser un sarmiento injertado en la viña del Señor? ¿Cultivo esos medios? ¿Debería cultivarlos más, o cultivar otros?

ORACIÓN-CONTEMPLACIÓN.

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”.
Meditar sobre estas palabras de Jesús sobre la vid y los sarmientos, significa percibir la relación que nos liga a él en su dimensión más profunda: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. Es una relación aún más profunda que aquélla que existe entre el pastor y su grey que meditamos el domingo pasado. En el evangelio de hoy descubrimos dónde reside la “fuerza interior” de nuestra religión (cfr. 2 Tim. 3,5). 
Pensemos en la realidad natural de donde está sacada la imagen. ¿Qué hay de más íntimamente unido entre sí que la vid y los sarmientos? El sarmiento es un acodo y una prolongación de la vid. De ella viene la savia que lo alimenta, la humedad del suelo y todo aquello que él transforma después en uva bajo los rayos estivales del sol; si no es alimentado por la vid, no puede producir nada, nada serio: ni un pámpano, ni un racimo de uva, nada de nada. Es la misma verdad que san Pablo inculca con la imagen del cuerpo y de los miembros: Cristo es la Cabeza de un cuerpo que es la Iglesia, de la cual cada cristiano es un miembro (cfr. Rom. 12,4 ssq; 1 Cor. 12,12 ssq). Los miembros, separados del cuerpo, no pueden hacer nada. 
¿Dónde reposa esta relación aplicada a nosotros los hombres? ¿No contrasta esto con nuestro sentido de autonomía y de libertad, es decir, con nuestro sentimiento de ser un todo y no una parte? Esto reposa sobre un acontecimiento bien preciso que el apóstol san Pablo, con una imagen también sacada de la agricultura, llama un acodo. En el Bautismo, nosotros, que éramos aceitunados de naturaleza salvaje hemos sido injertados en Cristo (cfr. Rom. 11,16); hemos llegado a ser sarmientos de la verdadera vid y ramos del olivo bueno. Todo esto por la fuerza del Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom. 5,5). ¡Entre la vid y el sarmiento hay en común el Espíritu Santo! 
¿Cuál es entonces nuestra misión de sarmientos? Juan -le hemos oído-tiene un verbo predilecto para expresarlo: “permanecer” (se entiende, unidos a la vida que es Cristo): Permanezcan en mí y yo en ustedes; Si no permanecen en mí ...; Quien permanece en mí... Permanecer unidos a la vid y permanecer en Cristo Jesús significa ante todo no abandonar los empeños asumidos en el Bautismo, no ir al país lejano como el hijo pródigo sabiendo bien que uno puede separarse de Cristo de golpe, de un solo salto, dándose a una vida de pecado consciente y libre, pero también a pequeños pasos, casi sin darse cuenta, día tras día, infidelidad tras infidelidad, omisión tras omisión, compromiso tras compromiso, dejando primero la comunión, después la misas, después la oración y al final todo. 
Permanecer en Cristo significa también algo positivo y es permanecer en su amor (Jn. 15,9). En el amor, se entiende que él tiene por nosotros más que en el amor que nosotros tenemos por él. Significa por tanto permitirle que nos ame, que nos haga pasar su “savia” que es su Espíritu evitando poner entre él y nosotros la barrera insuperable de la autosuficiencia, de la indiferencia y del pecado. 
Jesús insiste en la urgencia de permanecer en él haciéndonos ver las consecuencias fatales del separarse de él. El sarmiento que no permanece unido se seca, no lleva fruto, es cortado y arrojado al fuego. No sirve para nada porque la madera de la vid - a diferencia de otras maderas que cortadas sirven para tantos fines- es una madera inútil para cualquier otro fin que no sea el de producir uva (cfr. Ez. 15,1 ssq). Uno puede tener una vida pujante externamente estar lleno de ideas y de salud, producir energía, negocios, hijos, y ser a los ojos de Dios, madera seca para ser echada al fuego apenas termina la estación de la vendimia. 
Permanecer en Cristo entonces significa permanecer en su amor, en su ley; a veces significa permanecer en la cruz, “perseverar conmigo en la prueba” (cfr. Lc. 22,28). Pero no sólo permanecer, quedando en el estadio infantil del Bautismo, cuando el sarmiento apenas ha despuntado y se ha injertado; sino más bien crecer hacia la Cabeza (cfr. Ef. 4,15), llegar a ser adulto en la fe, es decir, llevar frutos de buenas obras. 
Para un tal crecimiento hay que ser podado y dejarse podar: Todo sarmiento que lleva fruto (mi Padre) lo poda para que lleve más fruto (Jn. 15,2). ¿Qué significa que lo poda? Significa que corta los brotes superfluos y parasitarios (los deseos y apegos desordenados) para que concentre toda su energía en una sola dirección y así realmente crezca. El campesino es muy atento cuando la vid se carga de uva para descubrir y cortar las ramas secas o superfluas para que no comprometan la maduración de todo el resto. Es una gracia grande saber reconocer, en el tiempo de la poda, la mano del Padre y no maldecir ni reaccionar desordenadamente. Ustedes ya están limpios para la palabra que les he anunciado, decía Jesús a sus discípulos (Jn. 15,3). El Evangelio que es la palabra de Cristo Jesús es por tanto como una poda y representa la ascesis fundamental del cristianismo. Ataca la codicia, todo lo que, en una palabra, nos disipa en tantos vanos proyectos y deseos terrenos. Fortifica, en cambio, las energías sanas y espirituales; nos concentra sobre verdaderos valores poniendo en crisis los falsos. La palabra de Dios se revela verdaderamente como una espada afilada y de doble hoja, en las manos del que la lleva (Apc. 1,16). 
Bajo esta luz debemos esforzarnos por no ver sólo nuestros sufrimientos individuales –los lutos, las enfermedades, las angustias que golpean a cada uno de nosotros o a nuestra familia-sino también el gran sufrimiento universal que atenaza a nuestra sociedad y al mundo entero incluso a aquel más misterioso de todos que golpea a los inocentes. Desde hace algunos años nos debatimos en una crisis que revela nuestra impotencia para poner paz y orden en nuestra convivencia civil, para encontrar un acuerdo y para poner fin al odio y a la violencia. Es también esta una poda necesaria del orgullo y de la presunción humana. Tal vez el Señor está buscando, de todas las maneras posibles, hacernos entender que sin él no podemos hacer nada (Jn. 15,5). 
Es una lección, ésta, que una sociedad trata fácilmente de olvidar apenas logra estar por algún año sin guerras y sin grandes tragedias. El espíritu de Babel -es decir, de la presunción de construir por nosotros mismos la casa- está siempre al acecho. Oímos a tantos jefes nuestros hacer programas muy ambiciosos, terminar cada discurso prometiendo paz, justicia y libertad. Pero todo esto como si dependiera exclusivamente de ellos o a lo sumo de la buena voluntad de todos. Como si no fuera necesario por nada hacer referencia al evangelio y a Dios por ser capaces de mantener ciertos valores, comprendido el más elemental de todos que es el respeto a la vida. Como si el odio pudiera ser vencido si no por el amor; como si la venida de Cristo a la tierra hubiera sido un lujo y un sobrante y no en cambio una necesidad absoluta de salvación para todos. Todo esto es una tremenda ilusión que Dios debe quitarnos, de otra manera volveremos a ser paganos como antes de Cristo. Y para quitárnosla Dios no necesita enviarnos duros castigos; le basta dejarnos un poco manejarnos solos y después hacernos observar, entre las ruinas y el llanto, lo que hemos sido capaces de hacer: si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles (Sal. 127,1). 
La palabra de Cristo sobre la vid y los sarmientos adquiere un significado nuevo ahora que pasamos a la parte eucarística y sacrificial de nuestra misa. Estamos por consagrar el vino exprimido de aquella “verdadera vid” en el lagar de la pasión. Nosotros consagramos el “fruto de la vid”, pero consagramos también el fruto “de nuestro trabajo”, es decir, del sarmiento. Dios nos restituye como bebida de salvación lo que le hemos ofrecido bajo el símbolo del vino. 
(Aporte del P. Raniero Cantalamessa, ofm cap. La Palabra y la Vida-Ciclo B.
Ed. Claretiana, Bs. As., 1994, pp. 114-117