28 sept. 2013

ACTIVIDADES PARA LC 16, 19-32-CAMBIANDO LUGARES


Tema: El hombre rico y Lázaro. Propio del domingo 26 Año C.

Objeto: Fotos de estrellas de cine y de un atleta famoso, un paquete de billetes de a dólar, un letrero que diga: "Hambriento, trabajaré por dinero".

Escritura
: "Había un hombre rico que se vestía lujosamente y daba espléndidos banquetes todos los días. A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas." (Lucas 16,19-21 )

¿Has deseado alguna vez cambiar de lugar con otra persona? Si tú pudieras cambiar de lugar con alguien, lo harías con :

* un actor o una estrella de cine?

* un atleta famoso?

* alguien que tenga mucho dinero?

* un pordiosero que pide al lado de la carretera?

"Espera un minuto," posiblemente estás pensando. "¿Quién desearía cambiar de lugar con un pordiosero que pide por las calles?" Bueno, tal vez no sea lo que una persona desearía, pero eso es exactamente lo que una persona hubiera deseado en la historia bíblica de hoy. Es la historia del hombre rico y Lázaro.

Había una vez un hombre rico, vestido con ropa de última moda. Vivía en una casa preciosa y comía de la mejor comida. Un hombre muy pobre llamado Lázaro, cubierto de llagas, se había puesto a la puerta del hombre rico. Todo lo que deseaba era comer de las sobras de la mesa del hombre rico. Los perros que pasaban por el lado de este hombre se paraban y lamían sus llagas. ¿Crees que el hombre rico alguna vez le ofreció compartir la comida de su mesa? ¿Alguna vez le ofrecería a Lazaro uno de sus trajes aunque fuera de la moda del año anterior? ¡De ninguna manera! El hombre rico pasaba por el lado de Lázaro como si éste no estuviera allí.

Al tiempo Lázaro murió y fue llevado por ángeles al cielo para estar con Abraham. Allí pudo gozar de todas las cosas confortables que nunca pudo gozar mientras estuvo en la tierra. Estaba más contento de lo que puedes imaginarte. El hombre rico también murió y fue enterrado. Bueno, el lugar al cual el hombre rico fue está bien caliente. ¡Estoy seguro que puedes adivinar a donde fue! Se sentía miserable. El hombre rico miró hacia el cielo y vió a Abraham con Lázaro de pié y a su lado. El hombre rico gritó: "Padre Abraham, envía a Lázaro acá y deja que de su dedo caiga agua para refrescar mi lengua." Abraham contestó: "No olvides que cuando estabas viviendo tú tenías todas las buenas cosas y Lázaro no. Ahora él está siendo bien cuidado y tú estás sufriendo mucho. Además hay un abismo entre nosotros y ninguno puede cruzar al otro lado".

A pesar de que Lázaro no había tenido mucho cuando estuvo en la tierra, él confió que Dios lo cuidaría. Eso fue exactamente lo que Dios hizo. Envió a sus ángeles para que llevaron a Lázaro al cielo. El hombre rico, sin embargo, nunca necesitó de persona alguna. Definitivamente no necesitó a Dios. Tenía todo lo que necesitaba. Por lo menos, eso era lo que él creyó.

En esta historia del hombre rico y hay una lección muy importante que aprender. Tú y yo escogemos en quien confiaremos. Podemos confiar en Dios o en nosotros mismos. Si ponemos nuestra confianza en lo equivocado, nos encontraremos toda la eternidad deseando el cambiar de lugar.

Padre, confiamos en tu amor infalible; nuestros corazones se regocijan en tu salvación. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

 

"Cambiando lugares" Escritura: Lucas 16,19-31.

 

MÓVIL CELESTIAL: Use cartulina azul, lana azul y, si posible, un gancho de ropa azul. Haga círculos en la cartulina y deje que los niños peguen bolitas de algodón para recordarle a los niños el lugar al que fue Lázaro (el cielo). Puede poner en círculos adicionales figuras de ángeles, la figura de Abraham, la de Lázaro, palabras como CIELO, ÁNGELES, etc. Para que se vean más bonitos, decore ambos lados de los círculos. Cuelgue los círculos del gancho utilizando la lana. Póngalos a diferentes niveles para hacerlos interesantes.

 

PERSONAS DE PALITOS DE MANUALIDADES: Use tela o fieltro violeta para representar al hombre rico y tela de saco o fieltro marrón para Lázaro. Use una bolita de espuma de polietileno para la cabeza y adórnela. Deje que los niños repitan la historia usando sus títeres de palitos.

 

RELEVO DE VESTIMENTAS EN BOLSAS: Llene una bolsa de papel (o caja) con ropa elegante y otra con ropa rota y lista para desechar. Deje que los niños formen equipos. Haga una carrera para que se vistan como el hombre rico y como Lázaro. Si tiene tiempo, haga que los equipos jueguen nuevamente pero utilizando la ropa contraria. Discuta la lección de hoy. (Asegúrese de que cada bolsa tiene igual número de ropas e igual número de cosas similares a las cuales cada personaje utilizaría en aquel entonces - sandalias buenas y casi para desechar, bolsas de dinero o para el pan, etc.)

 

CAMBIANDO LUGARES: Este juego es similar al de las sillas musicales. La mitad de los niños pueden ser llamados HOMBRE RICO y la otra mitad puede ser llamada LÁZARO. Cuando la música termine, la maestra dirá HOMBRE RICO o LÁZARO y sólo esos podrán cambiar de lugar. Los que no tienen que cambiar se sentarán de inmediato. Para hacerlo divertido, al final del juego la maestra podrá decir los dos para que todos los niños puedan levantarse y cambiar de lugar.

 

DOS CORAZONES: Deje que los niños decoren dos corazones grandes hechos en cartulina y escriban, tracen o peguen un letrero en cada uno: AMOR QUE NO FALLA y MI CORAZÓN SE GOZA EN MI SALVACIÓN. Ponga uno debajo de otro, uniéndolos con lana, y permítale a los niños colgarlos en el salón. Si desea que los niños se lo lleven a sus hogares haga los corazones más pequeños.

 

NUBES CELESTIALES: (Para niños pequeños) Provéale un plato de papel azul, o pídales que coloreen uno con crayola azul claro. Escriba o dele escrito QUIERO ESTAR EN EL CIELO CON JESÚS y dígales que pongan su nombre. Luego dígale que peguen bolitas de algodón en el plato, representando las nubes.

 

CAMBIANDO LUGARES: Designe un área grande para que los niños estén regados por ella. La maestra marcará 3-4 áreas diferentes utilizando letreros, dibujos o utilería que pueda mantenerse erguida. Estas áreas pueden ser "el comedor" (ya sea una mesa con alimentos o retratos de comedores con alimentos); "el cielo" área con tela o cartulina azul con nubes dibujadas, "la perrera " con fotos de diferentes clases de perritos. La maestra explicará que los niños deberán correr a la PERRERA, al COMEDOR o al CIELO según ella les indique. Luego de jugar, se sentarán en un círculo, cerca del área del cielo, y compartirán la historia de hoy.

 

CAMBIANDO LUGARES ARTÍSTICAMENTE: La maestra le proveerá a cada niño papel de construcción o de dibujo (puede ser hasta papel de periódico recortado al tamaño del papel de construcción) para que los niños hagan un dibujo de la historia de hoy. Pídales que escriban su nombre en el papel. Para hacer el dibujo pueden usar marcadores, etiquetas engomadas, tempera, crayolas, formas de polietileno o poliuretano (foam) etc. Los niños tendrán 3-4 minutos para hacer su dibujo. Luego la maestra les pedirá que se muevan un sitio a la derecha para que continúen dibujando en el papel de la otra persona por 2 minutos. Seguirán rotándose hasta que todos hayan decorado el dibujo de los demás. El proceso terminará cuando el artista original llegue a su obra para ver como ha quedado con la ayuda de los demás. Si ha usado témpera, deje secar el dibujo. Si tiene tiempo, hágale un marco para que lo puedan poner como obra de arte en su cuarto. (Para llevar a cabo el proceso más rápidamente, siente a los niños en mesitas de cuatro personas.)

 

CAMBIANDO LUGARES PARA EL VERSÍCULO BÍBLICO: Dígale a los niños que hagan una línea. Pueden estar sentados o parados. Dígales el versículo bíblico a aprender hoy. Luego indíqueles que van a cambiar de lugar ya que irán a la pizarra uno a uno para escribir una palabra del versículo y la cita bíblica. Si tiene tiempo dé una segunda ronda en la cual puedan dibujar algo de la historia en un papel y pegarlo en la pizarra abajo del versículo escrito. Recuérdeles que están cambiando lugares cada vez que uno de ellos van a la pizarra.

MEDITACION para Lc 16,19-31

Cuestra fe se redujera a un conjunto de pensamientos y dichos piadosos o unos ejercicios privados de culto tendría bien poco valor: algo así como papel mojado. Creer en Dios salvador es una actitud que anida en las decisiones y actividades todas de la vida (extraordinarias o cotidianas) que discurre bajo la atenta mirada de aquel que juzga y ama. Por eso, de la misma manera que Amós grita con claridad a su pueblo. "Se acabó la orgía de los disolutos", así la palabra de Jesús sobre Lázaro y el rico se convierte a nuestros oídos en una chispa que prende una inmensa hoguera.

El ejemplo que propone comienza casi como un cuento, para después denunciar públicamente y de manera radical la relación de los hombres entre sí. Jesús no entra, ahí, en cuestiones sociales, como podría parecer a primera vista, ni ofrece doctrina alguna sobre cómo es la vida después de la muerte. Se trata únicamente de presentar a nuestros ojos de manera plástica cómo son o debieran ser las cosas en el aquí y ahora de nuestra vida.

También tenemos que precavernos de un error: quien pretende ver precipitadamente que en el más allá tiene lugar un cambio de roles, de modo que el rico se sitúa debajo del pobre, ése es sospechoso de la clásica ideología según la cual la revolución de la injusticia en este mundo es imposible, puesto que la justicia es un asunto exclusivo del cielo.

Precisamente por este error fue denunciado el cristianismo como adormidera del pueblo. Quien explica así el Evangelio, le da la vuelta como a una manga, pues nada hay más extraño al sentir de Jesús que justificar la injusticia terrena mediante una posterior justicia divina. El Evangelio no conoce orden divino alguno que sancione las necesidades del mundo.

Un tema que una y otra vez aparece en la Biblia es el abismo existente entre los hombres: entre ricos y pobres, entre libres y esclavos, entre los dominadores y los "pobres diablos" de siempre, que jamás alcanzan la cara soleada de la vida. Esto contradice sin más el orden de Dios. Dios, Padre eterno, ha establecido entre sus hijos una familia de semejantes con igualdad de derechos. Al cristiano tiene, pues, que asaltarle el dolor y la indignación a la vista de las distancias y separaciones.

Jesús describe el fin de tales despropósitos. ¿Orden social? No habla de eso, sino de sensibilidad profundamente humana de cara al hermano que vive en la misma Tierra. Eso es lo que describe con drásticas imágenes.

¿Quién es el rico? No se dice su nombre. Es cualquiera. Siempre se trata de aquel cuya vida guarda para sí. El rico es aquel que sólo tiene ojos para atender a lo que sucede con relación a él mismo. La cuestión de sus cuentas bancarias no le produce problemas. Se trata en este tipo de personas que tienen una enfermedad de los ojos (ceguera), la cual se le ha extendido hasta el corazón. De ahí que no pueda soportar que alguien de su especie se le presente a la puerta. Pero esto, naturalmente, tiene fatales consecuencias: "Quien no ama a su hermano, al que ve, ¿cómo puede amar a Dios, al que no ve?(1 Jn 4,20).

El pecado del rico no consiste en ser rico, sino en que tiene a su hermano por demás. Lo mira, pero prescinde de él. En un crítico autoexamen tal vez podríamos descubrirnos muchos de nosotros en ese modelo, en los que no quieren que sus prójimos les molesten o inquieten. Indiferencia frente a las personas es lo más parecido que existe a "lejanía de Dios". Frialdad para con las personas puede ser signo de vaciedad o muerte interna: así es el sepulcro blanqueado.

Y ¿quién es Lázaro? Ahí se presenta el pobre, el desasistido que nos necesita. En cualquier caso, siempre se tata del miserable, de aquel que es tan malo como yo mismo. Cuando se abren nuestros ojos y despierta nuestra sensibilidad, descubrimos ante nuestra puerta más personas de las que creemos: amargados, acobardados, intimidados, empobrecidos. Muchas veces, el asunto que presentan nada tiene que ver con dinero o ayudas materiales (muchas veces sí, y de manera constante), sino con calor humano, acogida y dedicación de tiempo. Sin detenerse a pensar, ocurre con mucha frecuencia que tanto creyentes como increyentes o indiferentes nos excusamos para no atender a una situación: "yo no sabía...", o, como afirmó un escolar en una ocasión (seguramente aprendido de un adulto), "Dios no me lo había encomendado".

¿De verdad que no? Dios nos sale al encuentro mediante formas muy distintas y sorprendentes. Donde no se le puede buscar es entre los ángeles: con demasiada frecuencia, el justificante de nuestra consciente inhibición frente a los demás son argumentos refinadamente razonados, que nos los presentamos a nosotros mismos con todos los visos de afianzarse en la verdad. Porque el otro, por ejemplo, está lleno de defectos que debería corregir..., tiene mala voluntad..., miente... o está así porque quiere ("yo no doy veinte pesos para que ése, con pinta de borracho, se los gaste en vino"). ¿No es cierto que, aun así, Dios se presenta realmente a nuestra puerta? Son los ojos y el corazón los que precisan de una mirada sensible, para que no tropecemos con Dios y creamos que no es más que una piedra en el camino.

(Aporte de EUCARISTÍA 1992/45)