15 jun. 2013


La Biblia y el teléfono móvil

¿Te imaginas que pasaría si tratáramos la Biblia de la misma forma que tratamos a nuestro teléfono móvil?

¿Y siempre cargáramos nuestra Biblia en la cartera, en el maletín, en el cinturón o en el bolsillo del traje?

¿Y le echáramos una ojeada varias veces al día?

¿Y nos volviéramos para buscarla cuando nos la olvidamos en casa o en la oficina?

¿Y si la usáramos para enviar mensajes a nuestros amigos?

¿Y si la tratásemos como si no pudiéramos vivir sin ella?

¿Y si la diéramos de regalo a los chicos, para su seguridad, y para estar comunicados con ellos?

¿Y si la lleváramos cuando viajamos, en caso de necesitarla como auxilio y ayuda?

¿Y si echáramos mano de ella en casos de emergencia?

Al contrario del teléfono móvil, la Biblia no se queda sin señal.

Nos podemos conectar con ella en cualquier lugar.

No necesitamos preocuparnos por falta de saldo porque Jesús ya pagó la cuenta, y el saldo no tiene fin.

Y lo mejor de todo: no se corta la comunicación, y la carga de batería es para toda la vida.

 EN ELLA ENCONTRAMOS ALGUNOS TELÉFONOS DE EMERGENCIA:

- Cuando estás triste, marca. Juan 14.

- Cuando las personas hablan mal de ti, marca Salmo 27.

- Cuando estás nervioso(a), marca. Salmo 51.

- Cuando estás preocupado(a), marca. Mateo 6:19,34.

- Cuando estás en peligro, marca. Salmo 91.

- Cuando Dios parece distante, marca. Salmo 63.

- Cuando tu fe necesita ser activada, marca. Hebreos 11.

- Cuando estas solo(a) y con miedo, marca. Salmo 23.

- Cuando eres áspero y crítico, marca. 1 Corintios 13.

- Para saber el secreto de la felicidad, marca. Colosenses 3:12-17.

- Cuando te sientas triste y solo(a), marca. Romanos 8:31-39.

- Cuando quieras paz y descanso, marca. Mateo 11:25-30.

- Cuando el mundo parecer mayor que Dios, marca. Salmo 90.

       "Busca al Señor mientras puede ser hallado, llámalo porque está cerca" (Is 55:6)

Jesús opta por la misericordia, por el perdón, por la búsqueda de lo perdido, por la dimensión curativa en la vida.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 7, 36-8,3

 En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»

Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»

Él respondió: «Dímelo, maestro.»

Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»

Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»

Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»

Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»

Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»

Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

 Palabra del Señor

PARA EL DIÁLOGO Y LA EXPERIENCIA 

•Comentamos la siguiente frase de Jesús:

"Si da tales muestras de amor, es que se le han perdonado sus muchos pecados " (v.47) 
•¿Qué pensamos de esta frase?
•¿Medimos y juzgamos nosotros las vidas y los comportamientos con este criterio?

 •¿Qué criterio usamos para enjuiciar nuestros entornos y los comportamientos de los que nos rodean?